sábado, 20 de marzo de 2010

Pena de muerte

 

Por: Flor Berenguer

Septiembre / 2008

 

Cuando estudiaba mi primera carrera profesional, la situación en casa era crítica en lo económico y familiar. Sin entrar en dolorosos detalles que afectarían a terceros, diré que me ví obligada a trabajar para poder estudiar.

 

 Así las cosas, los empleos de medio tiempo para alguien que

recién salió de la prepa no crecen en los árboles y con muchos esfuerzos conseguí el peor de ellos pero que al menos me permitía llegar a tiempo a clases.

 

 Éste consistía en dar clases de literatura española a los presos de la penitenciaría para varones de Santa Martha

Acatitla, la grande, denominada así porque allí se encuentran aquellos criminales que ya han agotado todas las instancias legales y purgan allí su sentencia hasta el término.

 

 Por las condiciones excepcionales de la secundaria técnica

que opera al amparo de la ley de normas mínimas y remisión parcial de la pena, se me autorizó el empleo sin contar con el

título de maestra normalista ya que agradecen al cielo que cualquiera se aparezca a cubrir las vacantes mal pagadas, peligrosas y encima lejanas.

 

 Durante casi 5 años mi rutina diaria iniciaba de madrugada

para llegar en 3 ó 4  camiones hasta el fin de Iztapalapa a checar tarjeta antes de las 7 a.m., dar mis clases, colaborar en las entrevistas para pre-liberación y realizar otras actividades de orden cultural.  Salía de allí a medio día con una torta de frijoles y una concha, tomadas del rancho carcelario para llegar a CU antes de mi primera clase a las 2 pm.

 

 Esos años departiendo con lo más granado de la criminalidad me autorizan moralmente a reiterar que creo totalmente en la pena de muerte y que considero indispensable revivir el espítiru original del artículo 22 de nuestra constitución que la señala para secuestradores, salteadores de caminos, traidores a la patria y asesinos con alevosía.

 

 Estoy harta de escuchar las explicaciones bizantinas de los defensores de los derechos humanos que sólo se abocan a tutelar los de los criminales sin pensar que son las víctimas las que deberían quedar salvaguardadas de entes que no merecen el calificativo de humanos y menos aún de animales ya que estos matan por hambre o protección, nunca por el placer de hacer daño o generar una ganancia adicional al sustento cotidiano.

 

 En mis años de trato con criminales, violadores, secuestradores, asaltantes, pederastas, narcotraficantes, asesinos a sueldo, rateros y maleantes de toda calaña puedo asegurar que hay en algunas personas un gen maligno que impide toda rehabilitación y que la linea sutil del bien y el mal está totalmente borrada en sus mentes.

 

 Para ellos no hay rehabilitación posible, sólo la destrucción de su malignidad pone a salvo al resto del mundo de esta mancha contaminante.

 

 Con los pelos de la burra en la mano puedo afirmar sin temor a que nadie me contradiga que las cárceles no son centros de rehabilitación como cacarean las autoridades sino verdaderas universidades del crimen, sobre todo las prisiones mexicanas que tienen este sui generis sistema tipo Club Med donde el preso goza de mil canonjías siempre y cuando las pueda pagar y que son un verdadero insulto de corrupción para las víctimas a las que la justicia nunca les cumple.

 

 El caso de Fernando Martí, este terrible secuestro que no sólo acabo con la vida de un jovencito de sólo 14 años, sino con toda su familia que quedó moralmente destrozada, vuelve a poner en el tapete de la discusión el tema y creo que ya hay que dejarnos de niñerías y aceptar que la realidad nos ha rebasado y que no vivimos en Disneylandia.

 

 El diputado priista Emilio Gamboa desde la Cámara de Diputados lanza la propuesta y yo estoy dispuesta a sentir simpatía electoral por cualquiera que saque de circulación a esos seres abominables sin entraña que no se tocan el corazón para jugar con la vida y suerte de los demás, porque no nos hagamos idiotas ¿alguien espera que años en reclusión rehabiliten a estos monstruos?

 

 La opción que dan los defensores de los derechos humanos es la cadena perpetua que no lo es tanto ya que la pena máxima en México es de 40 años no acumulables y con la ley de normas mínimas y remisión parcial de la pena hablaríamos que en no más de 18 años el sujeto estaría en la calle delinquiendo de nuevo, eso, claro está, si no se fuga antes, tras vivir entre rejas de nuestros impuestos gozando de visitas familiares, conyugales, comida casera, televisión, celda privada y todo lo que su dinero le pueda comprar gracias a la rampante corrupción carcelaria.

 

 No seamos inocentes, el Mochaorejas o estos judiciales de la banda de la flor no tienen rehabilitación posible como tampoco la tienen quienes actúan por compulsión como los violadores y pederastas, por lo tanto antes que una manzana pudra a todo el barril es mejor desecharla.

 

 Por ello le invito a que presione por que la pena de muerte regrese a nuestro país. Ya se que los estudiosos del derecho, mismos que posiblemente no hayan pisado una cárcel ni de broma vengan a decirme que eso no limita la delincuencia, argumento que tal vez sea cierto en teoría pero en la práctica se ha demostrado que la mano dura ayuda bastante a evitar las reincidencias.

 

 En esos avatares de mi rocambolesca vida, pasé un tiempo en Afganistán y Pakistán, países musulmanes que no se andan con cuentos a la hora de castigar el crimen.

 

 Allí si robas, se te corta la mano criminal y la horca te espera en casos de asalto, asesinato o narcotráfico, con lo cual puedo afirmar que me sentía más segura al viajar al lado de los guerrilleros Mujaidines afganos que dejando mi carro estacionado en una calle céntrica de la Ciudad de México.

 

 Por ello celebro y lo hago con mayúscula que el gobernador

Perry de Texas no haya echado la pata para atrás a la hora de castigar a José Medellín, ese tamaulipeco indocumentado que hace 15 años tomó parte en la violación tumultuaria, tortura y muerte de dos adolescentes en Houston y al cual tan

'valientemente' defendió a un costo millonario el gobierno mexicano aduciendo al hecho que cuando fue detenido él no solicitó auxilio consular ni se le informó del derecho al mismo.

 

 Medellín, cínico en su confesión, esperó en el pabellón de la muerte por una clemencia que no tuvo para con sus víctimas tras alegatos legales que le prolongaron la vida 15 años.  Finalmente la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos se puso de corbata a la Corte Internacional de la Haya e hizo lo que su ley dice en su país. Y de nuevo lo apoyo, ya basta de hacerle a la Madre Teresa de Calcuta con esta bola de desechos sociales.

 

 Necesitamos mano dura, que delinquir no sea buen negocio, que la policía nos cuide en vez de hacernos sus víctimas y que en México el crimen no sea buen negocio.

 

 Cuando pienso en cuantos Fernandos Martí hay por allí, víctimas de judiciales, policías, Afis y demás yerbas, reitero mi llamado a que dejemos de pastar mansamente como borregos y alcemos la voz con un ¡Ya basta! claro y fuerte que se escuche en el 2009 en las urnas, único lenguaje que entienden nuestros políticos Totalmente Palacio.

 

 A estas alturas de mi vida, tan llena de altibajos, bueno, más bajos que altos, curtida por la crueldad de verdaderos pros, no siento que tenga ya nada que perder al intentar iniciar un movimiento ciudadano que responda realmente a lo que siempre hemos soñado y nunca hemos obtenido, como dice mi admirado Mario Benedetti:'Te quiero en mi paraíso, es decir que en mi país la gente viva feliz, aunque no tenga permiso.

 

 ¿Te gustaría entrarle?

 

 



«El hombre sin honra peor es que un muerto»

sábado, 13 de febrero de 2010

“Todavía quedan cimientos”, un libro revelador

Por: Raúl Espinoza Aguilera

Febrero / 2010

El Senador César Leal, antiguo embajador de México en Grecia, acaba de publicar un interesante libro titulado: "Todavía quedan los cimientos" (1), con un espléndido prólogo del doctor en Filosofía, Héctor Velázquez.

Originalmente tenía la impresión de que su publicación versaba únicamente sobre temas de política nacional, pero me ha sorprendido gratamente su enfoque filosófico, antropológico, sociológico, científico y literario, propio de un pensador con hondas raíces cristianas.

Fundamenta muy bien su punto de partida. Esto es: la dignidad de la persona humana. Cada ser humano –comenta– es "único e irrepetible, con un valor que nadie puede compartir. Cada quien vale, porque cada quien es. Ésta es la dignidad del hombre, que finalmente se asimila en la merced que Dios tuvo con su criatura".

Me parecieron, justas y adecuadas a la realidad histórica, sus reflexiones sobre la riqueza intelectual que nos aportó la Edad Media, porque es indudable que mientras las tribus bárbaras –procedentes de las regiones del Este europeo– invadían amplios territorios del mundo occidental, causando graves estragos en las ciudades; en los conventos y abadías –en cambio– se conservaron los libros, los tesoros de la herencia intelectual.

Se continuaron los trabajos de investigación espiritual, literaria y científica, y constituyeron a la postre importantes focos de irradiación cultural –no sólo de evangelización– para los pueblos sumidos en la ignorancia, que con la permanente inestabilidad social carecían de escuelas y universidades.

Gracias al empuje de numerosas instituciones religiosas de la Iglesia Católica se contribuyó a un nuevo renacer de las artes, de las ciencias y de los centros educativos. Sin la Edad Media, no se hubiera podido gestar el Renacimiento.

Por otra parte, coincido con el autor en que la Revolución Francesa y su conocido lema de "libertad, igualdad y fraternidad", pertenecen multisecularmente a la cultura judeocristiana y obedecen más bien a la concepción cristiana de la dignidad humana.

Afirma el Senador Leal: "Los mexicanos traen, pues, en sus tejidos, la libertad. La traen como una herencia de Dios, y en su escritura se asienta la constancia de su filiación. (…) la libertad, y los bienes que anuncie o los males que presagie, no tendrán significado si atentan contra el atributo supremo".

México tiene su propia identidad dentro de un maravilloso mestizaje cultural y, por lo tanto, su propio destino. En cambio, la Revolución Francesa ha sido "larvada en otros genomas", afirma el escritor. Sin dejar de reconocer sus valiosas aportaciones a las modernas repúblicas.

Nos pone en guardia, también, contra la presencia omnímoda del Estado que se presenta a sí mismo como la fuente de la existencia de los individuos y no duda en arrogarse el origen de los derechos más fundamentales del hombre, como el derecho a la vida, al tránsito de lugar o a la asociación.

Expone cómo –de modo casi insensible– se ha pretendido cambiar en algunas naciones el concepto de "persona" por el de "individuo". "Mientras que la persona –escribe– alude a la pertenencia al todo social", con ese término se reconoce plenamente la enorme dignidad de sus derechos inalienables.

Por el contrario, con la palabra "individuo" se percibe más bien como una especie de elemento anónimo dentro de una gran maquinaria y a las órdenes de las conveniencias políticas de los gobernantes en turno.

Esta concepción ha degenerado en un individualismo a ultranza, en un liberalismo salvaje, relegando su vocación fraterna y solidaria, que ha resquebrajado a las mismas estructuras de los países demócratas, como lo hemos presenciado con la actual crisis económica mundial.

Con acierto analiza los grandes totalitarismos que asolaron durante el siglo

pasado a muchas naciones del orbe.

El comunismo se presentó predicando los caminos de una nueva salvación y la liberación del obrero. Y cayó en un materialismo, ausente de toda espiritualidad, que esclavizó a millones de seres humanos bajo férreas dictaduras y cárceles tan extensas como sus territorios.

"No estoy seguro –comenta con acierto– que en la experiencia habida quedó clara en la conciencia universal que la grieta que terminó por hundirlo era de naturaleza antropológica, que equivocaba la construcción del edificio, porque la falla estaba en el cimiento: la dignidad del hombre".

Asegura que esa tentación totalitaria sigue vagando por el mundo. Su ideología no se ha disuelto completamente. Considera que el comunismo flota por el orbe buscando a un dictador que quiera ocupar de nuevo los cuerpos de Lenin o de Stalin.

Para explicar el fenómeno del nazismo utiliza magistralmente un texto de la tragedia de Macbeth de William Shakespeare. Se trata del diálogo de las tres brujas que se reúnen una noche de tormenta en una tenebrosa casona de Escocia, invocan al demonio bajo un pacto siniestro y proclaman el comienzo de la era de las tinieblas.

Durante la Alemania nazi, ¿cómo fue que se conjuntaron la inteligencia, la maldad, la perversión servil? ¿Cómo fue posible que ilustres intelectuales, catedráticos, científicos y tantos brillantes profesionistas resultaran persuadidos por un modesto pintor de origen austriaco llamado Adolfo Hitler, que con una oratoria exaltada reclamaba la superioridad de la raza aria?

"No hay nada más peligroso que la confusión de un filósofo mezclada con la ambición de un líder", asevera el autor, porque el dirigente alemán acusó al pueblo judío de ser la causa de casi todos los males de Alemania y arrastró –en su locura– a multitudes fanatizadas con el objetivo de aniquilar a la milenaria cultura semita.

Comparando a esas brujas de Macbeth y lo que acontecía en la mente maníaco-obsesiva de Hitler, el Senador Leal afirma: "Hitler se erige en el Profeta de la Revelación y desde las cervecerías de Munich convocó a los obreros alemanes para que, en cumplimiento de un destino, reclamaran un espacio vital para la gran nación de la raza inicuamente dispersa por Europa y se libraran para siempre del maleficio judío, enemigo jurado de su amada Patria y origen de una conspiración disolvente".

Por su parte, Benito Mussolini, reflexiona el Senador, inauguró un estilo muy particular de gobernar con gestos teatrales y discursos grandilocuentes. El llamado "Duce" impuso en Italia un gobierno fascista, de Partido Único, que a su vez fue el instrumento de control de un Estado que lo abrazó y manipuló todo.

Tampoco el fascismo está enterrado del todo, sostiene César Leal, porque por todo el mundo –de ayer y de hoy– han proliferado "duces", que con la engañosa bandera de luchar por los "más nobles intereses del pueblo", recurren a la demagogia, al populismo, y a las nuevas dictaduras que observamos también en nuestro continente.

En síntesis, se trata de un libro que emana erudición y dominio tanto de los saberes científicos, tecnológicos, sociopolíticos como literarios. Con soltura cita a los clásicos de la Literatura, como: Homero, Dante, Milton, Cervantes… hasta textos de la Biblia y documentos islámicos.

En la redacción del escrito, cada frase está meditada, pulida, cuidadosamente trabajada, con el oficio de un minucioso artesano de la palabra.

Personalmente, lo que más me impactó de este libro es que el Senador César Leal se muestra abiertamente, ante la opinión pública, como lo que realmente es: un político y un pensador cristiano. Sin inhibiciones ni complejos; todo lo contrario, con la seguridad y a la vez con la humildad, de quien sabe a ciencia cierta que expone la verdad.

Sin duda, sus profundas reflexiones contribuirán a enriquecer nuestra identidad como mexicanos y a fortalecer los valores de nuestra rica herencia cultural.

Además, es un libro particularmente útil para los que se dedican al quehacer político, con un mensaje de esperanza para mirar el futuro con optimismo, como bien lo expresa su sugestivo título.

(1) Leal, César, "Todavía quedan los cimientos", Editorial Porrúa, México, 2009. 183 páginas.

«El hombre sin honra peor es que un muerto»

jueves, 14 de enero de 2010

No nos hagamos locos…

 

Por: Fernando Sánchez Argomedo

jueves, 14 de enero de 2010

 

"Lo falso por más que se repita millones de veces JAMÁS será verdadero"

 

No nos hagamos locos, el problema real de lo que estamos viendo se llama confusión y su explicación tiene origen en el relativismo. Cuando ya no somos capaces de razonar y de comprender las cosas desde sus raíces y nos dejamos llevar por el camino fácil derivado de lo que "se dice que dicen" perdemos completamente la brújula de nuestro entendimiento y comenzamos a debatir lo que no tiene ni siquiera tiene sentido cuestionar.

 

Los seres humanos hemos perdido la capacidad de hacernos preguntas inteligentes sobre lo que sucede en nuestro entorno y el sentido común ha perdido en gran parte todo el "sentido".

 

Es por ello que no tendríamos por qué dudar sobre qué criterio aplicar cuando hablamos de homosexualidad, bisexualidad, lesbianismo, pedofilia o cualquier tipo de conducta que rebase por mucho la verdad sobre la naturaleza y la verdadera esencia o razón de ser del ser humano.

 

Por ahora creo que la mayoría de los seres humanos estamos seguros de que la zoofilia o el bestialismo (relaciones sexuales entre seres humanos y animales) es una completa aberración y no hay necesidad de cuestionarlo ni tampoco de crear algún movimiento pro comportamientos de este tipo.

Siguiendo la tendencia actual de la humanidad nadie nos garantiza que el relativismo pudiera llevarnos en algún momento a cuestionar leyes que promovieran o defendieran este tipo de anormalidad.

 

Igual pasaba hace algunos años cuando se hablaba de las conductas homosexuales, sin embargo hoy estamos en un debate social sobre si se debe o no dar oportunidad a que este tipo de conductas sean defendidas legalmente, y no sólo eso, sino que además puedan cuidar en el seno de esa relación a un niño que está en vías de conocerse y de definir su propio carácter y misión en la vida.

 

La naturaleza es muy sabia, y así como de una relación desordenada entre un ser humano y un animal es imposible la procreación, de la misma forma la relación desordenada entre dos seres humanos del mismo sexo jamás podrá procrear a otro ser humano.

 

Siguiendo el razonamiento tendremos que preguntarnos por qué si la naturaleza es tan sabia nosotros tenemos que crear "verdades" conceptuales que no tienen una conexión con la realidad.

 

La ciencia hoy nos acerca tanto a la verdad del ser humano que cada día nos maravilla más lo que somos, es por eso que hoy podemos ver el milagro de la concepción casi en vivo y a todo color. Dos células (sólo dos células), una proveniente exclusivamente del varón, llamada espermatozoide, y otra proveniente exclusivamente de la mujer, llamada óvulo (esto es así desde que el ser humano es ser humano).

 

¡Una gran pista que nos da la naturaleza! Son sólo dos células una exclusiva del hombre y el otro de la mujer, es claro que no hay células indefinidas, ni tres, ni cuatro, sólo DOS. ¿Acaso tendríamos que discutir si son dos tipos diferentes o son cuatro? ¿Si provienen del sexo masculino o del femenino? Me parece que realmente estaríamos perdiendo nuestro tiempo, aunque no dudo que haya alguien que pueda poner en duda, bajo una concepción relativista si esta verdad indudable no es verdad.

 

Ese maravilloso regalo de la vida de un nuevo ser humano que comienza a partir de la unión de esas dos células (espermatozoide y óvulo) tiene muchos momentos cruciales, como son la multiplicación de esas células y la configuración conforme a ese nuevo código genético de un ser humano, completo con su propia identidad único e irrepetible, y que tiene un sello particular; otro reto que tiene la supervivencia en el hermoso y milagroso vientre materno (la cuna de la humanidad) que lo alimentará subsidiariamente hasta el momento en que esté listo para salir a la luz del sol.

 

Su código genético lo determinó con claridad y en la inmensa mayoría de los casos, si no hay un accidente de por medio, las características físicas que fueron definidas por el espermatozoide, que es quien define el sexo, dejarán perfectamente claro si ese nuevo ser humano es mujer o varón. Otra maravillosa pista que nos da la naturaleza humana.

 

No podemos olvidar que el ser humano es complejo y en su cabeza se comienzan a formar, desde su infancia, conexiones sinápticas que junto con su información genética heredada van configurando su carácter. Entre esa gigantesca red de conexiones se esconde el don que nos permite ser unos seres capaces de autoreflexionar, y de determinar mediante nuestra inteligencia y nuestra voluntad el camino a elegir para ejercer nuestra libertad.

 

La única manera de ser libres es siguiendo nuestra naturaleza a pesar de las dificultades que podamos encontrar en el camino. De ahí lo ejemplar de aquellas personas que por accidente, ya sea genético o físico, se sobreponen para cumplir con una misión determinada por su tiempo de existencia en este planeta.

 

No podemos ignorar la verdad sobre nosotros: quiénes somos, a dónde vamos y cuál es nuestra responsabilidad, so pena de acabar con nuestro entorno (la ecología) y nuestra especie (la raza humana). De ahí que esta lucha no es contra las personas que padecen la homosexualidad, sino contra los errores humanos de malinterpretarla, engañando con lo falso al esconder propósitos materialistas y de corto plazo.

 

¡Si quieres la paz, respeta tu propia naturaleza y lucha por que sea respetada!

 

 
«El hombre sin honra peor es que un muerto»

martes, 12 de enero de 2010

Poesías de Emilio Galván-Duque Martínez

 

Emilio Galván-Duque Martínez fue militar, poeta y profesor.  Participó en la Revolución Mexicana, llegó al grado de mayor bajo el mando del ilustre  General Sonorense Salvador Alvarado.  Murió en el año de 1915, siendo muy joven y en víspera de casarse.  Entre la mayor parte de su trabajo literario se perdió, sólo quedaron trozos de algunas, entre lo que se pudo recuperar están dos poemas: "A TU OIDO" Y "DIVAGANDO".

 

A TU OIDO

 

.

Cómo menguar el ansia que siento de quererte,

Si para amarte, amada, mi corazón es fuerte,

Si tú, con una fresca pureza de leyenda,

Has ido colocando sonrisas en mi senda.

Si, cuando puse un pomo de frases en tu oído,

Tuviste el privilegio de haberme comprendido.

 

Cómo menguar el ansia que siento de quererte.

 

A veces la profunda tristeza de perderte

Me hace añorar el dulce fulgor de tus ojazos,

Que miran con la ansiosa bondad de los abrazos,

Y siento la nostalgia de tu palabra queda

Que ha sido para mi alma como un plumón de seda.

Amada, me hace falta la idílica sonrisa,

Traviesa y juguetona, que entre tus labios glosa,

Con la alba transparencia de un hilo de agua pura

Que humedeciera el borde de una fresa madura.

Amada, me hace falta la espiritual esencia

Que puso sobre mi alma tu angélica presencia

Cuando iba deshojando mis versos a tu lado....!

 

OH mágico deleite, tan para mi desconocido,

De amar y ser amado.

 

Sentir el deliciosa rozar de un pensamiento

Que ha cabalgado al lomo fantástico del viento

Colmado del aroma lustral de tu cariño.

Pensar que tu palabra, más pura que el armiño

De un esquife alado que cruza la distancia

Dejando sobre todas las cosas su fragancia,

Tener a todas horas el corazón de hinojos

Ante la milagrosa belleza de tus ojos.

Hundir la frente mustia y ayuna de destellos

En la misericordia que ofrecen tus cabellos.

Mirar como se queda nuestro ferviente ruego

Temblando entre las ondas de su desasosiego.

Sentir,  ante la euritmia del cuerpo adolescente,

El culto y el respeto sublimes de un creyente.

Tener, para el sendero sembrado de ilusiones,

Un palpitar constante de hermanos corazones

T un ramo de jazmines abiertos que lo alfombre.

 

A veces tengo ganas de pronunciar tu nombre.

 

¿Tu nombre?

Cuantas veces un fulgor del ocaso,

Cuando ibas por el parque, sonriente y paso a paso,

Con trazas sobre el suelo lo ha escrito mi paraguas

Al son del fatigado frufrú de tus enaguas ¡

Tu nombre transparente como el cristal de un vaso,

Es dulce a mis oídos y es suave como un raso ¡

El viento lo musita sobre las verdes palmas

Que son abanicos de las etéreas almas....

Y yo, con el respeto que inspiran los misales,

Sobre un augusto roble grabe tus iniciares.

Porque es el distintivo de todo amor ferviente

Ser puro, ser sincero, ser bueno y transparente,

Así como es del alba pureza de un cariño

Temblar ante el precioso secreto de un corpiño.

 

Amada, me maltrata tu extraña indiferencia.

 

Amada me maltrata.....

 

Y es mi convalecencia

Sentir que van tus ojos poniendo sus fulgores

Sobre mi oscura senda; pensar que ya las flores

Que adornen sus recodos serán primaverales ¡

Sentir entre mis manos tus dos manos filiales

Con tus nerviosidades de un pajarillo preso,

Mientras se inunda el aire del resollar de un beso.

 

Que sean para mi alma como una buena hermana,

Amada, tiene muchos arcanos la mañana....

 

Cómo menguar el ansia que siento de quererte.

 

*****************

 

 

DIVAGANDO

 

El viento de la tarde,

Modula su sinfonía.

De los claustros de un convento,

Surge un toque, una elegía.....

Surge un toque, suave, lento....

Es el alma misteriosa del convento.....

 

 

Es la sangre del oriente.  La floresta,

Ofrece coloraciones.

Y la fronda, como orquesta,

Divaga murmuraciones.......

Distiende pompa, su Vesta........

Es el alma, alegría incontenible, de una fiesta.

 

 

Yo el misterio....

Yo la rima de un salterio....

Yo el dolor, el cementerio.....

........y, ¿tú, niña?

-          yo, la reina, de la fiesta......

la alegría de la floresta.

 

  Emilio Galván-Duque Martínez

Invierno de 1918

 

 

«Por mi patria hablará la razón de la justicia»
 



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viernes, 1 de enero de 2010

El perdón de fin de año.

 1º.- Yo, consciente de mis actos, y asumiendo el control de todo lo que "YO SOY", borro de mi subconsciente y del registro etérico, todo récord y memoria de cada suceso discordante que haya vivido este año.


2º.- Perdono de todo corazón y olvido para siempre, todo disgusto, agravio, deuda, desamor, irritabilidad, agresión, traición, maledicencia y odio que me haya causado cualquier ser humano, situación o cosa.


3º.- A todos aquellos que se hayan ido de mi lado para otro grupo, trabajo, partido o círculo de amistades, lo suelto y lo dejo ir sin reclamarle nada, dándole la plenitud de mi amor para bendecirlo y prosperarlo donde quiera que se haya ido y donde esté.


4º.- Renuncio con toda la entereza que mi ser tiene a todo apego de objetos, situaciones, posesiones y, sobre todo, personas. Declaro que nada ni nadie me ata a nada, y YO SOY libre, pero completamente y absolutamente libre, para entregarme, ampararme y refugiarme en Dios y sólo Dios, para siempre.


5º.- Borro, borro y borro todo aquello que me haya sucedido en este año que no sea un escalón dentro de mi proceso de ascensión, y hago desaparecer de mi vida todo obstáculo que me impida volar hacia la libertad, que es el estado natural de mi ser.


6º.- Cubro cada segundo, minuto, hora, día, semana y mes de este año que concluye con la brillante y resplandeciente sustancia de la Llama Violeta para borrar toda energía mal calificada, y ahora lo envuelvo todo con la incandescente brillantez del fuego Blanco de la Ascensión.


7º.- Libre de personalidad, ego, pasado, memoria y mal karma, entrego mi Corriente de Vida al Servicio Único de la Luz, para que de ahora en adelante sólo oiga la Luz, sienta la Luz, vea la Luz, saboree la Luz, huela la Luz y piense la Luz, hasta alcanzar la eternidad.

 

Es mi deseo e intención

«LA ORACIÓN DEL QUE SE HUMILLA PENETRARÁ HASTA LAS NUBES»
 
Enrique Galván-Duque Tamborrel
Antonio de León N° 18, Col. Moderna.
70110, Ciudad Ixtepec, Oax.



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domingo, 27 de diciembre de 2009

Cuando la ciencia cierra la puerta a la Ética

Por: Fernando Pascual

Diciembre / 2009

 

El desarrollo de las nuevas técnicas no podrá dejar de lado el respeto que merece cada hombre, cada mujer, en su integridad, en su patrimonio genético

Los padres que tienen hijos enfermos sufren infinitamente. Días, meses, años, transcurren entre esperanzas de curación y fracasos de la técnica. Se buscan nuevas medicinas, se llama a una clínica famosa, se intentan terapias experimentales. Algunas enfermedades genéticas, todavía hoy, son un reto para la medicina, mientras miles de personas mueren cada año por falta de soluciones, y otros sueñan en el descubrimiento de nuevos caminos para la curación.

Las posibilidades que se abren a la ciencia con las técnicas de fecundación artificial están dando esperanzas a algunos de esos padres. Hijos con talasemia o con otras enfermedades que requieren un transplante de células o de tejidos necesitan encontrar un donador (seguramente un hermano) que sea genéticamente compatible. Si tal hermano o familiar no existe, ¿por qué no "prepararlo" por medio de la fecundación artificial? Tomamos varios óvulos de la esposa, fecundamos con el esperma del marido los mejores de esos óvulos, hacemos un diagnóstico sobre sus características genéticas antes de implantarlos en la mujer, y sólo destinamos a continuar su vida a aquel que pueda donar tejidos al hermano enfermo.

Este método encierra problemas éticos de no poca importancia.

El primero se refiere a la misma técnica. Sabemos que cada hombre o mujer que inicia la aventura de la vida merece respeto y protección por ser lo que es: un individuo humano, o, en lenguaje más preciso, un hijo, nuestro hijo. El lugar más digno para su concepción no puede ser la probeta de un laboratorio, sino el seno de su madre. Querer que nazca un hijo que pueda curar a su hermano no nos da permiso para recurrir a una técnica que implique poco respeto por su vida, como ocurre cada vez que permitimos la fecundación en un ambiente de cultivo que no responde a los derechos del embrión a su máxima seguridad y a iniciar su existencia en su lugar natural.

El segundo problema ético es mucho más profundo. Una pareja necesita un hijo sano que tenga ciertas características genéticas. Son concebidos varios embriones en el laboratorio. Entonces, se hace el diagnóstico pre-implantacional de cada uno de los embriones, se escoge al que puede ser compatible para el futuro transplante, se le implanta en el útero de la madre, y esperamos que se desarrolle y que sus células estaminales o algunos de sus tejidos puedan curar al hermano enfermo. ¿Y los demás embriones? Sencillamente, no sirven, sobran, a no ser que la pareja decida congelarlos o darles una oportunidad de vivir.

Esta selección de embriones (uno destinado a vivir, esperamos, los otros destinados a morir o a ser guardados como material "que sobra") implica una grave injusticia. Ningún hombre, ninguna mujer, puede ser eliminado o impedido en el camino de su crecimiento, de su vida, por el hecho de no reunir unas cualidades escogidas por los adultos. Cada ser humano vale, aunque sea débil, pobre, de una raza o de otra, de un ADN o de otro. Si vale, merece ser respetado: nadie puede impedirle continuar su aventura humana.

Dar la oportunidad de vivir sólo al embrión que "servirá" como donador y discriminar a los demás nos muestra hasta qué punto el hombre puede tomar opciones injustas, incluso con instrumentos técnicos altamente esterilizados, de una precisión antes inimaginable, y con un resultado tan maravilloso como lo puede ser la curación de un niño enfermo (o de un adulto, quizá de su padre o de su madre).

Hoy, como ayer, la ética nos dice que no todo lo que nos resulta de utilidad coincide con lo que sea éticamente correcto. Nos escandalizaría, nos resultaría grotesco, el ver una foto de un niño sonriente, debajo de la cual estuviese escrito: "Este niño ha sido curado gracias a unos traficantes de órganos que arrancaron su riñón a un niño pobre de Asia". Nos rebelaríamos, sentiríamos que la humanidad ha sido pisoteada, herida, en la defensa de los más débiles, los más pobres, si un niño de un país rico fuese curado con la sangre robada a un niño de una nación pobre.

La humanidad también es pisoteada cuando un niño empieza a sanar gracias a un hermano suyo, seleccionado entre otros hermanos que fueron concebidos en probeta y luego condenados al abandono o a la destrucción.

Alguno dirá, todavía, que defender los principios éticos cerrará las puertas de la esperanza para tantos padres que desean encontrar un camino para la curación de sus hijos. Otros negarán que los embriones sean seres humanos dignos de respeto. Otros, en fin, defenderán la autonomía de la investigación: si ponemos barreras éticas a los laboratorios, la medicina no podrá salvar a miles, quizá millones de seres humanos.

No es fácil responder a todos. Quizá tendríamos que volver a escuchar la voz de un Sócrates que nos dijese a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, que no importa tanto conservar la vida si ello implica traicionar a un amigo, herir a un inocente, permitir la destrucción de embriones que han sido concebidos fuera de su lugar natural, en un mundo que sólo los quiso por la posible utilidad que tuviesen para curar a otros.

Además, una barrera ética nunca será un obstáculo para la investigación. La mejor manera de estimular al científico a buscar caminos de curación en el máximo respeto de cada ser humano nace precisamente del respeto de la justicia y la dignidad de cada hombre. Cuando los principios éticos nos ayudaron a comprender que no se podía asesinar a un feto porque el parto podría resultar difícil para su madre, la medicina desarrolló y mejoró el parto cesáreo. Gracias al mismo viven miles de madres y de niños, uno de los cuales es uno de mis mejores amigos.

Nuevos caminos de esperanza a miles de enfermos

El transplante de células estaminales y de tejidos ofrece hoy nuevos caminos de esperanza a miles de enfermos, niños y adultos. El desarrollo de las nuevas técnicas no podrá dejar de lado el respeto que merece cada hombre, cada mujer, en su integridad, en su patrimonio genético, en su inicio (desde la concepción) y en su camino hacia la maduración. Escoger, seleccionar y eliminar embriones con la esperanza de curar a un ser humano, no son caminos éticos, no son dignos del ser humano. Sigue en pie, por lo tanto, la idea expresada por el poeta Juvenal: no está bien, para salvar una vida, perder los motivos del vivir...

 

"Envejecer es el unico medio de vivir más tiempo"
 



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