domingo, 21 de septiembre de 2008

¿Estás listo?

Por: Querien Vangal

¿Cómo moriré? ¿Quizás en un accidente? ¡Dios me libre! ¿De viejo? ¿En un hospital con un cáncer galopante marchitando mis células?
¿Y tú?
Es un misterio el cómo y el cuándo moriremos, tienes razón. Lo único que conocemos con certeza es que –tarde o temprano– nuestro tic-tac del corazón se parará. Y nos encontraremos de frente a nuestro Creador para rendirle cuentas.
En esos momentos nos dará más satisfacción haber perdonado que haber partido narices, haber hecho el bien en vez del mal; haber sido obediente que habernos salido con la nuestra; habernos arrepentido que…
Ese día –el día de mi muerte y de la tuya– de nada nos servirá nuestras colecciones de revistas, de camisas, de llaveros, de discos compactos. De nada nos servirá haber ido al gimnasio y tener el cuerpo lleno músculos si no cumplimos la misión que Dios nos encomendó.
Ese día brillarán como diamantes las ocasiones en que hicimos el bien sin recibir nada a cambio, o cuando oramos con Dios, aunque no sintiéramos gorgoritos en el estómago.
La muerte será tú y mi inicio, o tú y mi final. Depende de nosotros.

viernes, 19 de septiembre de 2008

El mito, el alma, los contrastes

Por: Antero Duks

Un grupo de arqueólogos italianos anunció el hallazgo de una gruta en la que los antiguos romanos creían que una loba amamantó a Rómulo y a Remo.
"Es increíble pensar que puede haberse encontrado por fin un lugar mitológico que hoy se ha vuelto real", declaró el ministro de Cultura Francisco Rutelli al dar a conocer el descubrimiento de la gruta. Las imágenes de fotografía y de video muestran una cavidad de unos ocho metros de altura por siete y medio de diámetro.
"Hay frescos, conchas marinas, mosaicos y mármol que una vez adornaron la gruta, y en el centro del domo hay un águila blanca, que era símbolo del Imperio Romano", explicó la corresponsal de la BBC en Italia Frances Kennedy.
El sitio, a 16 metros de profundidad, está cerca de la Casa de Augusto, en la zona donde la mitología cuenta que los hermanos -hijos del dios Marte y la vestal Rhea Silvia- fundaron Roma en el año 753 ante de nuestra era.
La loba Luperca
Según el mito, cuando el padre de la vestal se dio cuenta de que su hija había violado el juramento de permanecer virgen, ordenó que Rómulo y Remo fueran abandonados en la ribera del Tíber, donde los recogió la loba Luperca y los amamantó hasta que fueron mayores.
Los hermanos terminaron peleando entre sí por la altura de los muros de la ciudad, y Rómulo mató a Remo.
El superintendente de Arqueología Angelo Bottini declaró que por fin "tenemos la certeza de que se trata de la gruta de la loba", aunque ni él ni el ministro han explicado cómo se vinculan el lugar descubierto y el sitio mitológico.
El nombre de la loba se relaciona con la fiesta de la Lupercalia, que se celebraba cada año en lo que ahora es el 15 de febrero.
Los jóvenes nobles (Luperci, nombre que se deriva de lupa, o loba) corrían de la gruta a las inmediaciones del Monte Palatino, una de las siete colinas de Roma, en un ritual de purificación.
Los sacerdotes sacrificaban un perro y dos cabras y ungían con sangre las frentes de los jóvenes, que se cubrían sólo con las pieles de los animales sacrificados y golpeaban las manos de las mujeres con tiras de piel de cabra para promover la fertilidad.
"Casi gritamos"
La cavidad fue descubierta durante los trabajos de restauración del palacio de Augusto, el primer emperador romano, aunque no se ha explorado por temor a que se venga abajo y dañe los cimientos de otras edificaciones, y los arqueólogos usaron endoscopios y otras herramientas para estudiar el sitio.
"Pueden imaginar nuestro asombro. Casi gritamos", dijo a la prensa el profesor Giorgio Croci, director del equipo de restauradores.
"Es claro que Augusto quería construir su residencia en un lugar que fuera sagrado para Roma", agregó Croci.
El Monte Palatino está cubierto con restos de palacios y monumentos que van desde el siglo VIII antes de nuestra era hasta una fortaleza medieval y villas renacentistas.
Partes del Monte que corrían el riesgo de desplomarse estuvieron cerradas durante varias décadas, aunque algunas de ellas se abrirán al público en febrero del año próximo después de un programa de restauración con valor de US$17,7 millones.
Tal vez la única voz que no se sumó al júbilo fue el ex superintendente arqueológico de Roma Adriano La Regina, quien afirmó que "no hay certeza, porque la gruta debería estar más hacia el oeste, frente al Templo de la Magna Mater y la Victoria".
Descubren cueva donde loba amamantó a Rómulo y Remo, dijo a EFE El Universal Roma, Italia Martes 20 de noviembre de 2007. Revela el Ministerio de Cultura italiano que hallaron una gruta, recubierta de mosaico y conchas, en la que al parecer los fundadores de Roma fueron criados por Luperca, el ministro de Cultura, Francesco Rutelli, ha revelado hoy, bajo el supuesto de "maravilloso descubrimiento arqueológico", el lugar donde, según la leyenda fundacional de Roma, una loba amamantó a los hermanos Rómulo y Remo.
Rutelli, que no asumió la responsabilidad de la teoría sobre la gruta sino que la atribuyó a los arqueólogos, comentó con los periodistas los detalles del hallazgo, después recogidos en un comunicado de su departamento.
El descubrimiento de un cubil recubierto de mosaico y conchas se produjo meses atrás en el curso de las obras que la Superintendencia Arqueológica de Roma lleva a cabo para acondicionar la colina del Palatino.
En la página de Internet del Ministerio de Cultura italiano se pueden ver las imágenes de la gruta, recubierta también con conchas, obtenidas a través de una cámara que se introdujo en su interior el mes de agosto pasado.
La gruta está a dieciséis metros de profundidad entre el Circo Máximo y la Casa de Augusto, justo en la Roma Imperial, y tiene un diámetro de seis metros cincuenta y tres centímetros y una altura siete metros y trece centímetros.
Sin embargo, el ministro no reveló los detalles acerca de cómo se ha hecho la vinculación entre la cueva y la madriguera de la legendaria loba.
Los gemelos Rómulo y Remo, cuyo padre era el dios Marte, fueron abandonados en el río Tíber por orden del rey Amulio, cuya hija había incumplido el mandato de virginidad que él le impuso cuando la obligó a dedicarse al culto de Vesta, según la leyenda.
Los hermanos fueron luego recogidos y amamantados por la loba Luperca y cuando crecieron fundaron Roma, de acuerdo con el mito.
Las interpretaciones de la leyenda han sido múltiples y entre ellas está la del ensayista y escritor Corrado Augias, quien en su libro I segreti di Roma sostiene que es posible que Luperca fuera una prostituta, ya que en la Roma antigua éstas recibían el nombre de lupa (loba), de donde procedería la palabra lupanar.
Ese mismo escritor advierte del peligro que se corre cuando se dan por buenas las leyendas al recordar en su libro que el fascismo eligió el nombre de "hijos de la loba" para los niños italianos que quería educar en su ideología.

"Dicen haber hallado la cueva de Rómulo y Remo"
La Nación (Argentina).Descubrimiento de arqueólogos italianos. Dicen haber hallado la cueva de Rómulo y Remo. Martes 20 de noviembre de 2007
ROMA (AP) - Un grupo de arqueólogos italianos develaron hoy el descubrimiento de una cueva subterránea, que se cree, era venerada por los antiguos romanos como el lugar donde una loba alimentó a Rómulo, el legendario fundador de la ciudad, y a su hermano gemelo Remo. Decorada con conchas marinas y mármol de diferentes colores, la cueva se halla a 16 metros de la superficie, dentro de la colina palatina, donde se hallan ruinas de un palacio que fue el centro del poder en la Roma imperial, dijeron los arqueólogos en una conferencia de prensa. Giorgio Croci, un ingeniero que trabajó en el lugar, dijo que durante los dos últimos años expertos estuvieron sondeando el lugar usando endoscopios y escáners, temiendo que la frágil cueva, que estaba parcialmente derrumbada, no sobreviviría a una excavación en gran escala. Los arqueólogos están convencidos de que encontraron el lugar donde los romanos antiguos presumían que la loba amamantó a Rómulo y Remo, los hijos de Marte, el dios de la guerra, que los abandonó en una cesta dejándolos a la deriva en el río Tíber. La leyenda. Gracias a la loba, que es hasta el día de hoy el símbolo de Roma, los gemelos sobrevivieron. Rómulo fundó la ciudad y se convirtió en el primer rey, luego de matar a Remo en una lucha por el poder, algo similar a la lucha entre dos hermanos bíblicos: Caín y Abel. Antiguos textos dicen que la cueva, conocida como la "Lupercale" -de "lupa", que en latín significa loba-- se hallaba cerca del palacio de Augusto, el primer emperador romano. Se dijo que Augusto restauró la cueva, y la decoró con un águila blanca, símbolo del poder imperial. El águila fue encontrada en la parte superior de la cueva, que se encuentra justo debajo de las ruinas del palacio construido por Augusto, dijo Irene Iacopi, arqueóloga encargada del palacio palatino y del cercano foro romano. "La Lupercale debe haber desempeñado un importante papel en la política de Augusto", dijo Iacopi a la prensa. "El se consideraba a sí mismo un nuevo Rómulo". Andrea Carandini, profesora de arqueología en la universidad La Sapienza, dijo que la cueva casi con seguridad es la "Lupercale", y en ese caso, "es uno de los más grandes descubrimientos jamás hechos".

Hay también un "ex superintendente de Cultura italiano" que, según Radio Cooperativa, niega que "el cubil descubierto sea la cueva" donde, "según la leyenda, la loba Luperca amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad de Roma".Y recuerdo "Los constructores", de Lila Spreafico:"Servio, Honorio, Aurelio, arquitectos de Roma, / la construyeron para que allí naciera/ un antepasado mío/ de modo que yo pudiera hoy / distraídamente escribir que sin Roma/ esta tinta no mancharía la página/ y el destino de estos papeles sería/ quizá una invitación para una muestra de pintura/ o el cálculo detallado de los gastos del mes de alguna otra persona/ o una receta homeopática que indicaría la cura a contemplar/ aunque jamás podría indicarla si Roma no existiera.""Si Roma no existiera..."...Es posible entrever lo que pasaría en América Latina en ese caso leyendo "Inmigración y literatura: los italianos", de Ana María González Rouco.El mito y el almaEl hombre primitivo se sentó un día en medio de su caverna y se puso a pensar en los extraños fenómenos del sueño (ver "Los sueños: productos automáticos de nuestra mente", de Félix Larocca). Y los comparó con los de la muerte ("No quitar la esperanza"), que él había advertido en algunos vecinos.De allí, dándole muchas vueltas al asunto -quién sabe cuántos días estuvo sentado en la oscuridad de esa cueva para llegar a esto-, concluyó que debía haber algo intermedio entre lo desconocido e invisible y el mundo de las cosas concretas, tan concretas como la carne de los animales, las tormentas, el hielo, los árboles, el sol que a veces mata con sus rayos o cocina la presa ("Los desastres naturales y sus consecuencias" de Ariadna E. Navarro y otros, de México).A eso invisible, con el tiempo y la aparición del habla lo llamó alma.La intuición (o invención) del alma dio origen a la invención (o intuición) del Mito (ver "El Mito", del colombiano Santiago Gallego).Mitos devenidos en "leyendas urbanas"Mucho se habla de leyendas urbanas actualmente ("Lecturas urbanas. Semiología y ciudad"; para lograr algún contraste, conviene leer seguidamente "El duende del bosque y la cosmovisión forestal del poblador rural amazónico").Da la impresión de que seguimos necesitando mitos, y de que los hemos adaptado a nuestra forma y mundo.Es posible que esas pequeñas (o "minimalistas") y entretenidas leyendas - por ejemplo, fantasmas en el tren subterráneo- tengan el mismo sentido para nosotros que el mito para los pueblos antiguos. Es posible que obren de igual modo en nuestra psiquis que los Mitos, que sean sus "réplicas".¿Estamos luciendo la réplica de la joya en el pecho y dejando bajo siete llaves la verdadera?Los humanos tenemos inmensas riquezas que no usamos y las ponemos a buen resguardo en el Museo (podemos ilustrar esta afirmación con la lectura, entre otros muchos trabajos sobre el tema, de "Museos de la ciudad de Quito").Al museo sólo van los que ya tienen esas riquezas.Ya conocen el arte o los testimonios científicos que se exponen y van a confirmarlos, lo que es de todos modos una suerte para quien los creó o descubrió.Aunque, tal como las riquezas cotidianas, estas otras que tienen que ver con la cultura están mal repartidas, y la curiosidad del espíritu también. ¿Por qué no les enseñamos, a todos los niños al menos, a reclamar su parte? (Podemos repasar al respecto el excelente trabajo dedicado a niños especiales y llamado "Instructores de arte", que viene desde Cuba.)Todo se educa, hasta el alma que "inventaron" los pueblos primitivos pueden educarse. Hasta el deseo de participar del festín del arte como muy respetable espectador.


"La filosofía es un tema de infinitas variaciones, en que la verdad tiene tantas facetas cuantas son las personas que la buscan o la analizan."

Limpiar la mente y el alma

Por: Querien Vangal

La sangre se arremolina en las sienes, las quijadas se aprietan con crispados nervios como queriendo morder algo que no está en la boca, las manos se comprimen formando dos puños escondidos de la vista de miradas indiscretas, como queriendo golpear lo que no tienen al alcance del brazo. Si, estoy enojado, la injusticia es demasiado burda como para ignorarla, como para simplemente dejar pasar el hecho y voltear la página.
Muchas veces vivimos momentos de extremo enojo, frente a traiciones, abusos de autoridad, hipocresías, maldades o mentiras. Pero el enojo no se va, se instala orondo en nuestro interior y nos acompaña por el resto del día, no dejando que la paz y el equilibrio interior vuelvan a ser el norte que guía nuestro caminar. Y en esos momentos, ¡que injustos podemos ser con los que nos rodean! Cuanto dolor podemos provocar en los que con absoluta inocencia se acercan a nosotros para ayudarnos o simplemente compartir un momento laboral, de familia, o de amistad.
Las más de las veces descargamos nuestras impotencias con aquellos que menos lo merecen. Esas buenas personas que nada tienen que ver con nuestro enojo son victimas de nuestros desahogos y culminan siendo el eslabón final de la cadena de frustraciones que nos llevó al estallido. ¡Que injustos que somos, que poco amor por esas sencillas almas que sólo quieren compartir y acompañarnos en los momentos malos que nos prodiga la vida!
En muchas oportunidades las victimas son las esposas cuando llega el marido a la casa, o viceversa. En otros casos son los empleados que sufren a sus jefes frustrados por problemas con sus superiores. O simplemente ese amigo que te acerca su hombro y le respondes con una ácida respuesta. Es curioso, pero las más de las veces nos desahogamos de nuestro enojo con los más débiles, los que no tienen la capacidad de responder a nuestra agresión, quizás nuestros propios pequeños hijos.
La palabra que resuena en mi mente es cobardía. ¿Cómo podemos ser tan poco cristianos como para desahogarnos de nuestros enojos descargando ataques de ira contra los que nada tienen que ver con nuestros problemas? Es una cadena de agresión, que sólo genera más y más malos sentimientos, cadena que sólo puede ser interrumpida por los lazos invisibles del amor.
Cuando tenemos esos momentos de enojo, necesitamos desahogarnos, necesitamos liberar esa presión interior que nos oprime y ensombrece. Sin demora alguna liberemos ese volcán que amenaza estallar en nuestro pecho, pero hagámoslo con amor, derramando gotas de ternura, sonrisas, comprensión. Nuestros malos sentimientos se derretirán como nieve junto al calor del hogar, no resistirán la sonrisa que nos prodiga esa alma buena que se acerca a nosotros con las manos abiertas. Luego podremos comprender qué tontos que somos cuando respondemos mal con mal, cuando alimentamos los círculos concéntricos que nos alejan del amor.
Es una virtud heroica la de aquellos que son capaces de responder al mal con bien, la de los que son capaces de frenar sus propios sentimientos de enojo y tornarlos en suaves sonrisas que derriten el mal. Virtudes heroicas las de los que derraman miel sobre un mundo con rostro de limón. La acidez de esta sociedad pide a gritos que almas heroicas la llenen de dulzura. Héroes que serán vistos como débiles quizás, pero qué bienvenidas son esas hermosas almas que iluminan el mundo, le dan un sentido puro, bueno, frente a los ríos de egoísmo e hipocresía que corren por nuestras calles. ¡Virtudes heroicas para una causa noble, la de honrar al Amor de los Amores uniendo nuestra voluntad a la Suya!

¿A dónde vas, América Latina?

Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Federico Müggenburg

Desde su independencia del Imperio Español y del Imperio Portugués, América Latina ha estado sujeta a la codicia, influencia y presiones de otras naciones poderosas. Los imperios competidores de España y Portugal anhelaban dominar los virreinatos de la Nueva España, de la Nueva Granada, del Perú, del Río de la Plata y del Brasil.
Con la excepción del Brasil, que mantuvo su integridad territorial en paz, los demás virreinatos se fragmentaron en una diversidad de naciones, en medio de guerras que se desarrollaron por más de una década.
El Imperio Británico, el Imperio Francés y los Estados Unidos de Norteamérica, compitieron por asumir el control y el dominio de las nuevas naciones. Las luchas fratricidas impulsadas por la insidia de sectas decimonónicas, llegaron a extremos no imaginados. ¡Algunos efectos perduran hasta nuestros días!
Con el tiempo se fue imponiendo la llamada "Doctrina Monroe", utilizando su molesto y ambiguo lema: "América para los Americanos". A finales del siglo XIX y principios del XX, poco se pudo hacer para lograr la reintegración de las fragmentadas naciones latinoamericanas.
Entre la 1ª y la 2ª Guerra Mundial se iniciaron algunos proyectos de acuerdos y/o pactos bilaterales y regionales latinoamericanos, pero esto fue más claro a partir de la primera etapa de la Guerra Fría (entre los "Acuerdos de Yalta", en 1945, y la "Crisis de los Misiles en Cuba", en 1962).
Los dos lastres que más han pesado en contra del desarrollo de América Latina son: la falta de instituciones sólidas, y el fracaso en el combate a la corrupción. A esto hay que añadir varios elementos, como son:
 La "ideologización" de los problemas, que en vez de resolverlos los agudizan y acrecientan posponiendo su solución.
 La inseminación ideológica de hegelianos y marxistas, con todas sus variantes, que dañó fatalmente a: jóvenes universitarios, jóvenes obreros, y jóvenes eclesiásticos.
 La directa injerencia soviética en Cuba, que modificó en cierto sentido la estrategia geopolítica de los norteamericanos con el proyecto de la "Alianza para el Progreso", la cual nunca pudo compararse en su alcance, profundidad y cuantía, con el formidable y exitoso "Plan Marshall", logrado en Europa.
El final de la Guerra Fría, con el derrumbe del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS, dieron paso a la "globalización" que muy pronto fue calificada por los "ideólogos globalifóbicos" como "la llegada del mundo unipolar" y del "pensamiento único", fundado, dicen, en el "Consenso de Washington", a lo que ellos oponen ahora con "mentalidad dialéctica", el "pensamiento crítico", expresado en sus lemas: "otro mundo es posible" y "otra iglesia es posible".
En América Latina la conjunción del "castrismo tardío", con la presencia de la "nebulosa globalifóbicoaltermundista" en el "Foro Social Mundial de Porto Alegre", dio a luz el monstruo bicefálico del "nuevo socialismo del siglo XXI" y el "nuevo arrianismo el siglo XXI", al que ha venido a sumarse recientemente el "nuevo sultanismo del siglo XXI", configurado por los talibanes y ayatolas, las redes de Al Qaeda y el conglomerado "Hut" con sus figuras paradigmáticas: Bin Laden y Ahmadineyad.
Hoy día, la dirección y el control de los globalifóbicos se hace desde el "Centro Tricontinental" y el "Foro Mundial de las Alternativas", de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, dirigidos por el Canónigo Francois Houtart; y la "Internacional Attac", con sede en París, dirigida por Bernard Cassen, Ignacio Ramonet y Jaques Nikonoff.
El "nuevo socialismo del siglo XXI" fue ideado por Ignacio Ramonet, Heinz Dieterich y Marta Harnecker, quienes lo han "troquelado" en la cabeza de Hugo Chávez. Desde que Fidel Castro lo proclamó su heredero en América Latina, y el petróleo alcanzó el precio estratosférico actual, Chávez unció a su "revolución bolivariana" a Evo Morales en Bolivia; lo intentó con Ollanta Humala y Andrés López en Perú y México (respectivamente); lo consiguió con el regreso de Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador, y la más reciente adquisición, del obispo renegado Fernando Lugo, en Paraguay.
Por lo que se refiere al "nuevo arrianismo del siglo XXI", la red se integra por el grupo "Amerindia" y sus destacados adalides: Jon Sobrino S.J., Frei Betto O.P., y Leonardo Bof ex O.F.M. Una obra colectiva que evidencia su posición es: "Bajar de la Cruz a los Pobres. Cristología de la Liberación".
En cuanto al "nuevo sultanismo del siglo XXI", hay que considerar los convenios y coinversiones de Ahmadineyad con Chávez en Venezuela, Ortega en Nicaragua, Morales en Bolivia, y Correa en Ecuador, más el significativo riesgo de los "custodios y garantes de la inversión, que están llegado" a América Latina.
Es menester registrar las redes de reclutamiento de los talibanes y ayatolas, operando en el Magreb y el Shael, en África, y la vida errante pero impune de Bin Laden y los activistas del partido Hut, controlados desde Indonesia.
A este cuadro hay que añadir un peligro más: el de los "socialistas democráticos" que "abandonaron" a Marx y "adoptaron en secreto" a Engels, haciéndose llamar "socialdemócratas", de entre los cuales, el modelo más completo es José Luis Rodríguez Zapatero, quien nos muestra todo su talante "engelsista" en el libro-entrevista titulado: "Madera de Zapatero. Retrato de un presidente", de Suso del Toro.
Ya se sienten los pasos de sus imitadores en América Latina, empezando por Lula da Silva, en Brasil; la Sra. Kirchner, en Argentina; y en Chile con el binomio Lagos-Bachelet. Por todo ello, es importante ajustar la pregunta inicial: ¿A dónde vas América Latina?, por: ¿A dónde te quieren llevar? O mejor: ¿A dónde quieres ir?
Para lo cuál es imprescindible también preguntar: ¿De dónde vienes? ¿Cuáles son tus raíces? Y más seriamente: ¿Estás dispuesta a refrendarlas?

martes, 9 de septiembre de 2008

¿Volverá la navidad?

Por: Querien Vangal


Si en tu buzón aparecen Christmas (tarjetas de Navidad) aderezados con hojitas de acebo, bosques nevados y cervatillos de mirada lánguida, no te alarmes; aunque no hablen para nada del nacimiento de Jesús, te aseguro que se acerca la Navidad. Y si recibes archivos informáticos con música new age y más cervatillos, sé comprensivo: la cursilería, como la gripe del pollo, es contagiosa y universal.

Aunque prediquen que esta fiesta, en el fondo, es sólo un homenaje al invierno y a la escarcha, y nos digan que hemos de cantar villancicos a la naturaleza y al milagro del turrón y del champagne; aunque pretendan que amemos a los osos y a los abetos, y las luces de las ciudades se llenen de palabras esterilizadas, sin contaminaciones religiosas; aunque inventen plegarias dirigidas a Papá Noel (y a mamá Noel, por supuesto), y los veamos llegar vestidos de rojo, arrastrados por las borrascas del Norte con un cortejo de renos, avefrías y bolitas de colores; aunque embalen en naftalina la imagen del Niño Jesús..., ten confianza: volverá la Navidad. Aunque no haya nieve en la sierra ni terminen de llenarse los embalses este año; con cambio climático o sin él, es cuestión de días: vendrá la Navidad.

Aunque ahora sean los mercaderes quienes empuñen el látigo y traten de vengarse de Jesucristo expulsándolo de su templo; aunque el Maestro haya desaparecido ya de las escuelas, del Parlamento, de la Universidad, de los quirófanos y de las UCI de los hospitales; aunque desinfecten las aulas para que no queden gérmenes cristianos en los pupitres ni en los babies de los niños, a pesar de los pesares, volverá la Navidad.

Aunque secularicen los belenes y los hagan inofensivos; aunque quieran sustituir a María, a José y al Niño por una metáfora cutre que exprese paz, tolerancia, democracia y vitamina C, al menos, digo yo, respetarán al buey y a la mula, y podremos ponernos a su lado para recordar que el Niño ha venido como todos los diciembres. Y no lograrán ahuyentar a los ángeles, que estos días revolotean sobre nosotros buscando corazones para poner el Nacimiento.

Tendremos una gran Nochebuena si dejamos que Jesús nazca. Él anda buscando una cueva, un pesebre honrado y un poco de buena voluntad. Los demás elementos del belén -la estrella, los ángeles, los Magos- corren de su cuenta. Mira a ver cómo tienes el establo de tu alma. Tal vez sirva todavía, aunque este año haya albergado a demasiadas bestias y parásitos, y parezca una pocilga. No trates de decorarlo ni de ponerle ambientador. Una mano de estropajo con el detergente infalible de la penitencia bastaría para el caso.

Mira también a los Sagrarios de las iglesias vecinas. ¿Te parecen más ricos que la Cueva de Belén? Jesús está allí de verdad, pero me temo que sigue solo. ¿Echará de menos al borrico y al buey que le acompañaron hace tantos siglos?

En 2004-2005 celebramos un año dedicado a la Eucaristía. Juan Pablo II quiso convocarlo para recordarnos que todos los días pueden ser Navidad; que Jesús sigue naciendo, a pesar de los pesares y no le importa correr riesgos como entonces, ni tener que huir de Herodes en plena noche, con tal de que los suyos no le abandonemos.

Luego, echa una ojeada a tu alrededor: los inmigrantes. Los tenemos de todos los géneros: blancos, tostados y negros; gigantescos y pequeños; legales e ilegales; honrados, como José y María, y delincuentes como Herodes; con papeles y sin papeles; con buenas y con malas intenciones. Llegaron de todos los rincones del planeta: en patera o en avión, qué más da. Algunos viajaron en el seno de su madre, como Jesús; otros, se diría que han dejado el camello en el parking de la esquina. Pero lo malo es que la posada sigue estando llena, y cuesta compartir nuestras indigestiones, aunque sea Nochebuena.

De nosotros depende que al día siguiente sea de nuevo Navidad.

Educación, ¿entendemos qué es?

Por: Querien Vangal


Generalmente cuando hablamos de educación nos quedamos con la sola idea de instrucción. Pensar esto es asimilar una parte integrante del término y olvidar los elementos que la comprenden. La instrucción es la comunicación de ideas o conocimientos, como puede ser el teorema de Pitágoras que un profesor enseña a sus alumnos. Estos contenidos se dirigen a la inteligencia; sin embargo, el hombre no es sólo inteligencia, es también voluntad y corazón, y es también un cuerpo; por eso existe también una educación de la voluntad, una educación física, etc.
¿Qué es la educación?

Desde su nacimiento el hombre necesita ser conducido por sus padres en esta enorme labor de ser hombre. Debe ser alimentado, protegido, se le debe enseñar una lengua, ciertos hábitos de comportamiento en sociedad, etc. Advertimos por tanto que el hombre no nace sino que debe perfeccionarse en el tiempo. La naturaleza humana exige ser perfeccionada, ser acabada, llegar a la plenitud. Esta plenitud, o el llegar a un grado de excelencia, es lo que los griegos llamaban areté y se puede traducir por la virtus de los latinos. Por tanto, el término virtud, que a nosotros nos suena con connotaciones morales, no tiene primariamente este sentido. Los antiguos eran conscientes de que todo ser, según su propia naturaleza, debía adquirir un grado de plenitud, de excelencia. Así, por ejemplo, un caballo virtuoso sería aquel que alcanzara mayor velocidad en la carrera, era pues un animal excelente, el mejor en el correr.

En este sentido podemos definir la educación como el desarrollo de lo humano en el hombre, la promoción de todas sus virtualidades perfectivas que están latentes en su naturaleza humana y le hacen alcanzar el estado de virtud. Últimamente se ha hecho más común emplear el término valor en lugar del de virtud. No es el caso discutir aquí si son o no equivalentes, aceptémoslos como sinónimos siempre y cuando entendamos el valor como una cualidad objetiva de los seres y no como una proyección subjetiva. Un valor debe ser algo necesario y absoluto tanto para el hombre de hoy como para el de mañana pues es un aspecto del bien.

Jerarquía de valores

¿Cómo podemos establecer una adecuada jerarquía de valores? Para que tal jerarquía no sea arbitraria debemos analizar la naturaleza humana. Descubrimos en el hombre -unidad de cuerpo y alma- tres dimensiones. La primera, relativa al cuerpo material, es la dimensión orgánica o biológica. La segunda y la tercera dimensión son relativas al alma: la dimensión racional o lógica y la dimensión moral o ética. A partir de aquí podemos discernir los tipos de valores.

Pongamos en el centro los valores intelectuales o espirituales. Éstos se mueven a la búsqueda de la verdad (valores teóricos, propio del entendimiento especulativo que ordena las ciencias) o del bien (valores prácticos) o de la belleza (valores técnicos, en cuanto que la razón técnica obra sobre la naturaleza mediante las artes, los oficios, etc.).

Ascendamos ahora en la escala de valores. ¿Qué ocurre si el hombre, en vez de trabajar sobre la naturaleza externa (la construcción de una casa, la elaboración de una pintura) obra sobre sí mismo para obtener su perfección? Es la búsqueda del bien en la propia naturaleza humana, la razón obra sobre sí misma para gobernar sus tendencias. Estamos ante los valores morales. Para cuyo ejercicio nos servimos de las virtudes morales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Estando la prudencia en el ámbito del intelecto y de la voluntad, pues es virtud rectora. Un paso más en la escala nos lleva a la cima, los valores religiosos. Se completan con ellos los valores morales al toparnos con lo sobrenatural. Estos valores nacen de la apertura de la persona a Dios.

Descendamos ahora un escalón desde los valores intelectuales. Nos encontramos con el hombre que se relaciona con otros hombres. Aparecen aquí los valores sociales y políticos. Un paso más abajo nos lleva a los valores vitales, el encuentro del hombre con su vida orgánica. Y finalmente, en el último grado, hallamos la relación que tiene el hombre con las cosas materiales, es decir, los valores materiales o económicos.

Por tanto, empezando con los valores supremos, la jerarquía de valores quedaría así: religiosos, morales, intelectuales, sociales y políticos, vitales y materiales. Somos conscientes que nuestra sociedad actual ha invertido la escala de valores, ya no tienen prioridad los valores religiosos y morales. Parece que nuestro mundo prefiere los valores económicos y vitales. ¿No advertimos cómo se cultiva el cuerpo, cómo se busca la salud, como un fin, sin preocuparse de la educación moral, de la conciencia, del sentido religioso? ¿No acapara hoy la economía todas las dimensiones del hombre? Hasta se piensa que hay calidad en la educación simplemente porque se invierte mucho en ella, porque se gasta mucho dinero. Los valores materiales no son malos, el problema es que no son los primeros; uno se preocupa más por tener un buen coche o el móvil de última hora que por tener una voluntad recia o una ardiente fe para soportar el sufrimiento y las adversidades de la vida.

¿Qué hay que educar?

Efectivamente hay que educar al hombre, pero analicemos brevemente qué aspectos del hombre hay que educar. Los valores enumerados arriba están en el hombre de forma virtual, de forma latente; nos queda, pues, la tarea de suscitarlos llevando al hombre a la perfección, a su estado de virtud. Para eso está la educación. Y habrá un tipo de educación según los diversos valores: educación religiosa, moral, intelectual, técnica, sensible y física.

Habrá que educar la cabeza; es decir, la inteligencia con la doctrina, las ideas, los conocimientos de las diversas disciplinas científicas. Es importante también la educación de la sensibilidad, de los afectos, del corazón, pasando del sano amor propio al amor de los demás. La educación de la praxis va desde el conocimiento del fin hasta la ejecución pasando por la deliberación: ¿Cuál es mi fin? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo lograrlo? Una completa educación lo es también del cuerpo, es la educación física tan valorada hoy en día. Los latinos decían que había una mente sana en un cuerpo sano, y es muy cierto; por ejemplo, el máximo rendimiento intelectual tiene mucho que ver con un organismo sano: suficientes horas de sueño, buena alimentación, etc. Por eso advertimos que un valor superior está condicionado por el que le precede. El secreto de una buena educación está en la armonía, en la auténtica adaptación de todos los valores siguiendo la jerarquía establecida según la propia naturaleza del hombre. Hay una jerarquía de valores y una jerarquía de la educación, del cumplimiento de esos valores.
Cómo educar en las virtudes o valores

El hombre antiguo, el pueblo griego en particular, lo tenía muy claro. Educaba en las virtudes mediante los personajes ejemplares. Pensemos en la Ilíada o en la Odisea, en una sociedad donde apenas hay leyes escritas los deberes se transmiten mediante modelos de forma oral. Aunque los ideales homéricos están destinados a un grupo de la sociedad muy característico, la aristocracia, me interesa señalar el medio de educación: el ejemplo. Más tarde, la tragedia griega intentará hacer lo mismo aunque a otro tipo de sociedad. De estos dos ejemplos, la épica y la tragedia, se concluye que la literatura ha sido uno de los medios más aptos para mostrar modelos y antimodelos, enseñar lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. También la fe no tiene mejor forma de transición que el ejemplo, el testigo. Por eso la fe cristiana ha mostrado las vidas de los santos para la edificación del pueblo de Dios, presentando modelos reales de amor a Dios como para decirnos «si otros pudieran tú también puedes». Las manifestaciones artísticas son un medio apto para esta tarea, el arte, la literatura. Ahora bien, la transmisión de estos valores llega a nuestras manos gracias a una tradición.

La tradición es una herencia, es la entrega de un patrimonio de generaciones pasadas a generaciones presentes. Es decir, la tradición comunico algo, un modo de ser, una razón, un canon y una medida para el pensar y el obrar. Al fin y al cabo nos habla de Dios, origen y meta del hombre. Lo contrario a la tradición sería el nihilismo, el culto a la nada, el vacío, el escepticismo. El mundo occidental tiene una gran herencia que se está viendo atacada, una tradición que es griega, romana, judía y cristiana. La llamada crisis de los valores se refiere a esto: vivimos en una crisis del ser, de la razón y del sentido; vivimos en una sociedad que ha invertido la jerarquía de valores. Y esto se manifiesta en el arte, en la literatura y en la educación actual.

La sede principal de la educación es la familia. ¿Dónde se debería desarrollar mejor el ejemplo sino en ella? La familia es la célula originaria y principal de la sociedad. No hay institución que la preceda, la familia nace del matrimonio. Y de la familia nacen las demás instituciones: municipio, Estado, etc. A la familia compete en primer lugar la educación de los hijos y una educación en todos los niveles, aunque para algunos deba servirse de las instituciones que ofrezca el Estado, como las escuelas. Pero esta oferta de Estado no debe negar y anular la prioridad de la familia como educadora, le toca a ella por derecho natural.

No hay que olvidar tampoco la relación entre educador y educando, dos polos que se dan tanto en la familia (relación padre hijo) como en la escuela (relación maestro alumno). Nos encontramos pues una causa (educador) y un efecto (educación) siempre con la colaboración del educando. Son las personas las que educan, sólo de manera indirecta educan otros elementos como los instrumentos (bibliotecas, vídeos, etc.) o el ambiente natural y social. El educador goza de autoridad, algo que se está perdiendo en nuestra sociedad occidental. El educador tiene autoridad porque aumenta, perfecciona la vida de alguien. El educador tiene el bien y la verdad que busca el educando. Aunque esa verdad y ese bien que posee y ofrece el educador es participado por Dios, Dios la posee en grado sumo. La experiencia, propia de la mayor edad, confiera también autoridad al educador.

Nuestro principal cometido será vivir como verdaderos educadores (en la casa, en la escuela, en la catequesis, etc.), que los niños y jóvenes sobre los que tenemos influencia educadora aprendan la recta jerarquía de valores. Y enseñemos no sólo con la doctrina sino también con el ejemplo, especialmente en lo que a enseñanza religiosa se refiere.

La educación es el medio propio para que el hombre se perfecciones como hombre, se haga virtuoso, desarrolle los valores que están latentes en su naturaleza. La educación busca dar al cuerpo y al alma -como tan magistralmente lo definió Platón- toda la belleza de que son susceptibles.

Del consumismo a la austeridad

Por: Querien Vangal
I. Consumo y consumismo
1. Desde el momento que el hombre necesita bienes para su subsistencia, salud, educación, vivienda, descanso, etc., hay que concluir que resulta imprescindible la producción y el consumo de los bienes que responden a las necesidades fundamentales de la persona humana. Sería ideal, por consiguiente, que todos los poseyeran según sus necesidades y conforme a la capacidad de cada uno, en orden a su desarrollo integral, de cuerpo y alma.
Por eso, en esa línea, el gran doctor de la lglesia Santo Tomás de Aquino, en el siglo XIII, enseñó que un mínimo de bienestar es necesario para practicar la virtud. En los últimos tiempos se ha dicho, en lenguaje más directo, que no se puede hablar de Dios a estómagos vacíos. En conclusión, digamos que hay un consumo de bienes materiales útiles e indispensables ya que se trata de medios necesarios para el bienestar material y espiritual de la persona humana.
2. El consumismo es otra cosa. Con la denominada sociedad industrial aparece la multiplicación y acumulación de bienes, con frecuencia innecesarios y superfluos, cuando no ordenados con frecuencia a la ostentación y obtención de determinado "status". Entonces la persona resulta esclava de las cosas, dominada por ellas. Nada le resulta suficiente, aparece insaciable y enredada en una conjunción, a veces hasta ridícula, de vanidad y codicia, con un asfixiante trasfondo materialista. En definitiva, el paroxismo del tener cosas ahoga al ser de la persona. Los "shopping centers" y los "free-shops" de los grandes aeropuertos podrían ser como los símbolos del consumismo contemporáneo. A veces hasta aparece un aspecto ridículo como es el ofrecido sobre todo por los denominados "nuevos ricos" a quienes el lenguaje popular graficó llamándolos "piojos resucitados".
3. A este consumismo empuja la propaganda que de mil maneras atrapa a la persona y a la familia, cautivas e indefensas frente a las presentaciones y "slogans" de aquélla. Así como desde hace un tiempo se imparten lecciones de "defensa personal", habría que propiciar la enseñanza del arte de "defenderse de la propaganda".
4. Añádase a los artilugios de la propaganda los oscuros manejos de los resortes de los mercados y de la producción que someten a la gente a consumos innecesarios y hasta nocivos a veces. Convengamos en que la influencia sutil y en ocasiones asfixiante de la propaganda es una fuerza tan irracional como poderosa.
II. Austeridad de vida
5. Ella es la actitud que constituye ante todo una réplica al materialismo que subyace en las bases del consumismo. Adelantemos que, para no entrar en detalles, entendemos "austeridad" y "sobriedad" de vida como términos equivalentes. Ambos llevan implícita la afirmación de que los valores materiales no son la razón de ser de la persona humana ni el objetivo último de su existencia; son expresiones del dominio del hombre sobre las cosas en lugar de ser su esclavo.
6. No se confunda la austeridad de vida con la actitud del avaro que acumula y esconde; el avaro es, por antonomasia, esclavo de lo material. La austeridad de vida se encuadra dentro de los límites de las cosas necesarias y realmente útiles, habida cuenta de las condiciones y circunstancias de vida de una persona o de una familia y su situación en la sociedad.
7. La austeridad de vida es una exigencia ética y una virtud cristiana. Como exigencia ética obliga preferentemente a quienes están al frente de la cosa pública en sus diversos niveles y a los que en el ámbito privado están situados en planos patronales o dirigenciales. Si más no sea porque lo contrario fácilmente suscita envidias, resquemores o desigualdades irritantes, y sospechas de corrupción...
8. Como virtud cristiana la austeridad de vida es forma y expresión del espíritu de pobreza que debe ser vivida aun en los estratos económicamente más elevados de la realidad social. No está de más recordar que dicho espíritu implica humildad y caridad. HUMILDAD porque comienza por reconocer que Dios es el único por sobre todas las cosas, pleno y supremo bien, y que los hombres son administradores de los bienes recibidos, cuya administración debe redundar en bien para los demás, sin dejar de tener especial atención de los más necesitados; por eso implica
CARIDAD.
III. Egoísmo y amor
9. Si así se piensan las cosas no hay contradicción entre desarrollo, productividad, consumo y austeridad de vida. Sí hay frente a cualquier concepción o sistema que proclame que el egoísmo individual es el motor del progreso y del bien general. El denominado capitalismo salvaje está en esa línea, y sabemos bien cuántas y cuáles han sido y son sus consecuencias.
En un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el Papa Juan Pablo II se expresó así: "En los países industrializados la gente está dominada hoy por el ansia frenética de poseer bienes materiales" (y en ciertas capas - añado yo - de la sociedad de países no desarrollados sucede lo mismo). "La sociedad de consumo pone todavía más de relieve la distancia que separa a ricos y pobres, y la afanosa búsqueda de bienestar impide ver las necesidades de los demás...La moderación y sencillez de vida deben llegar a ser los criterios de nuestra vida cristiana..." (NS).
10. Me permito agregar otra cita que viene a cuento; es de un ensayista francés - Patrice de Plunkett - quien acaba de escribir hace poco lo siguiente: "El materialismo marxista ha retrocedido fuera de nuestras miradas. Esta marea muy baja nos descubre una playa desierta... Librada a todos los vientos: es el materialismo occidental. Impulsados solamente por la obsesión del bienestar individual, su nada espiritual es una amenaza... No creemos más en nada, ni en nosotros, ni en nadie... El célebre ’modelo occidental’ impone a los cinco continentes la más alta tecnología y la ética más baja. De esta manera... las grandes tradiciones morales de la humanidad corren el riesgo de desaparecer asfixiadas por nuestra nada, nuestro vacío... una nación se suicida si se esconde de las grandes fuerzas éticas y religiosas de su historia". Hasta aquí las palabras de Plunkett.
11. Si el crudo liberalismo económico hace dos siglos pudo ser denominado la "revolución del egoísmo", hoy parece evidente la necesidad de abandonar la idea de que el egoísmo es el pilar básico del orden social. Esa revolución debe ser reemplazada por la "revolución del amor", la cual exige la enseñanza y difusión de una verdadera y válida escala de valores en la sociedad, la austeridad de vida, el espíritu de servicio y de solidaridad frente a toda carencia, sea ésta de naturaleza material, psicológica o espiritual, la reducción del consumo superfluo y frívolo, la idolatría del dinero y del placer, la educación en la cultura del trabajo...Menuda tarea ésta! pero, qué sociedad distinta a la de hoy configuraría una "revolución del amor"!
IV. Conceptos finales
12. Para concretar algo más estas consideraciones me permito dirigir algunas palabras a determinados grupos de creyentes sinceros.
a) A los que tienen abundantes medios materiales les digo que vivan sin ostentación y con austeridad y sobriedad; que contribuyan a disminuir las urgencias de los más necesitados; que no guarden con avaricia sus bienes y ganancias sino que inviertan para el desarrollo y crecimiento de la economía nacional y la multiplicación de puestos de trabajo. Ello revertirá en bien de la sociedad.
b) A quienes tienen lo necesario, me atrevo a pedirles que "hagan, de la necesidad, virtud", es decir que vivan serenamente la austeridad, sin angustias ni ambiciones desmedidas y colaborando solidariamente con los que menos tienen.
c) A quienes han hecho promesa o voto de pobreza evangélica o quieren vivir su espíritu, les digo que lo hagan con gozo de corazón y sintiéndose liberados del peso de las cosas materiales para manifestar más ejemplarmente la existencia y el valor de las cosas espirituales y la supremacía del amor a Dios y al prójimo.
d) A los que nada tienen no es fácil en este orden de cosas decirles una palabra oportuna y útil. Sin embargo me atrevo a expresarles mi deseo de que no caigan en la amargura, el resentimiento o la desesperación, ni se nieguen a ningún esfuerzo solidario para mejorar esperanzadamente su situación.
Saber vivir

Cuando uno se plantea este tema, el de saber vivir, lo que también muchas veces llamamos como “vivir la vida”, va a producir seguramente distintas reacciones y distintas maneras de entender esto. Para muchos vivir la vida será disfrutarla de cualquier manera y aprovechar todo lo que se pueda, ya que como decimos “la vida es corta” y hay que vivirla.
Mi reflexión en este caso viene recordando algo que leí hace ya mucho tiempo y que hacía referencia a que los seres humanos muchas veces en lugar de “dedicarnos a vivir”, estamos pendientes de “vivir mejor que los otros”, y eso quizás sea una de las causas que nos impidan conseguir la felicidad, o al menos vivir de manera “triste”.
En la vida nos está pasando como en los deportes, todo es una continua competencia donde lo que importa es solamente el vencer al otro, el estar más adelante, estamos condicionados por el “exitismo”.
En el deporte ya no vale un buen trabajo hecho, una “táctica” desarrollada, el esfuerzo con el que se han emprendido los encuentros, ya no se habla de hacer un buen juego, solidario, donde, en el caso de un equipo, cada uno aporta lo suyo y nos sentimos bien de haberlo hecho, de “haber dejado todo” todo como se dice, sino que vale, si salí más adelante que el rival, si le gané, si soy mejor que el otro en los resultados.
Quizás en el deporte, la frase de “lo importante es competir” ya no tenga sentido, lo malo es cuando esto lo trasladamos a la vida.
Cuando estamos más pendientes de vivir mejor que el vecino, y no de vivir bien, colmando nuestras expectativas y necesidades. No, tenemos que tener y ser más que el otro.
Cuando “envidiamos” lo que tiene el otro, y no disfrutamos en serio lo que tenemos nosotros.
Siempre estamos anhelando lo que no tenemos, o mejor dicho, lo que tiene o ha logrado el otro, y así nunca vamos a encontrar la felicidad, nunca sabremos vivir, creemos que nunca seremos felices porque siempre estamos pensando en lo que me falta, que muchas veces es lo que si tiene el otro, y no me doy cuenta de que puedo gozar y ser feliz con lo que tengo.
No sé si de verdad aspiramos a ser felices, o a llegar a la felicidad antes y por mejores caminos y resultados que los otros, entonces ya nos convertimos en “competidores” de la vida, donde no nos interesa tanto llegar a la meta, sino ser los mejores y más rápido que los demás, cuando en realidad en la vida interesa e importa que sepamos vivirla, valorando lo que tenemos y lograr nuestro desarrollo, logrando llegar a nuestras metas, y no tanto en comparación con los demás.
La verdadera felicidad consiste en saber disfrutar de lo que tenemos y no pasarnos la vida angustiados por lo que me falta, y el otro tiene, pensando que la mejor riqueza que tengo es justamente lo que tengo, lo que voy logrando con esfuerzo, sin compararme con los demás, y de esta manera sí llenarnos de felicidad y saber “vivir la vida”.