viernes, 18 de julio de 2008

La familia

Por: Querien Vangal

“La más antigua de todas las sociedades
y la única natural es la familia”
J. J. Rousseau

«Conviene hacer realmente todos los esfuerzos posibles para que la familia sea reconocida como sociedad primordial y, en cierto modo, “soberana”». Juan Pablo II

Hace unos días se celebró en Barcelona el Congreso Internacional sobre Familia y Sociedad, organizado por el Instituto de la Familia. Durante tres días, expertos de renombre internacional presentaron, a los más de trescientos participantes, diversos estudios para analizar el estado actual de la familia, su problemática con la que nos estamos enfrentando, sus dificultades, y sobre todo buscando soluciones efectivas de apoyo a las familias, haciendo eco a las recomendaciones de Juan Pablo II: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia”

Me llamó poderosamente la atención lo que uno de los ponentes expresó: “Es verdad que la problemática con la que nos enfrentamos deja mucho que desear: Descenso imparable de la natalidad que imposibilita un correcto cambio generacional y convierte a Europa en un continente cada día más viejo, maternidad tardía, descenso de matrimonios, aumento de abortos (sólo en Europa se asesina a un no-nacido cada 25 segundos), aumento de divorcios, aumento de los hijos nacidos fuera del matrimonio, violencia doméstica galopante y un largo etcétera nefasto para la buena salud de la sociedad”.

Dado que el problema del deterioro de las familias está afectando en mucho a nuestro país --no me atrevo a decir si más o menos porque finalmente eso no nos trae ningún consuelo, baste decir que ya es un problema global-- me metí a la página Web recomendada:
http://www.ipfe.org/Informe_Evolucion_Familia_Europa_2008_def_esp.pdf, en donde se encuentra el Informe sobre la Evolución de la Familia en Europa 2008, presentado recientemente por el Instituto de Política Familiar(IPF) en el Parlamento Europeo, en donde pude constatar que en verdad las cifras son devastadoras.

Pero también, es verdad que estos datos no pueden dejarnos con los brazos cruzados. Reconstruir la deteriorada familia es posible. Sólo nos falta recobrar la confianza en la familia y defender a la familia desde la familia. Para ello, es verdad, que muchas veces necesitaremos presentar una batalla pacífica y sincera ante los ataques deliberados de los que pretenden exaltar el quebrantamiento del modelo de familia, con el único fin de destruirla. Y es que, como decía uno de los ponentes: “Familia débil, sociedad débil”.

Pero, no podemos ni debemos renunciar, nuestra felicidad depende de ello, a “unir fuerzas para sostener, con todo medio posible, a las familias desde el punto de vista social y económico, jurídico y espiritual”, como subrayó recientemente Benedicto XVI y a exigir a los poderes públicos unas políticas familiares efectivas de apoyo a la familia, “que ofrezca la posibilidad concreta a los padres de tener hijos y educarles en familia”.

En definitiva, no debemos, no sería justo para las generaciones venideras, abandonar la defensa de la familia, puesto que es un bien insustituible para la persona y, por lo tanto, un valioso patrimonio común para la sociedad.

Discusión racional sobre el aborto

Por: Querien Vangal

«La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda»
Voltaire

He querido comenzar ésta breve reflexión con la célebre frase yo solo se que no se nada e invito a mis antagonistas “Progresistas” a hacer lo propio. Cuando Sócrates –quizá el más grande pensador de su tiempo- asumió esta actitud ante los límites del conocimiento de su época, fijó la pauta de la epistemología tal como la conocemos en nuestros días. Sostengo que hoy, como hace 2500 años, esta es la única actitud plausible ante la ciencia y ante toda afirmación o conclusión derivada de ella. En el mismo sentido se expresa Carl Sagan en su libro El mundo y sus demonios: «los humanos podemos desear la verdad absoluta, aspirar a ella, pretender que la hemos logrado. Pero la historia de la ciencia nos enseña que lo máximo a lo que podemos aspirar es, a través de una mejora sucesiva de nuestra comprensión, aprendiendo de nuestros errores, tener un enfoque asintótico del universo, pero con la seguridad de que la certeza absoluta siempre se nos escapará»
Es por todos sabido que desde hace algunos años se ha intensificado el debate científico en torno a la naturaleza del embrión humano, la cuestión estriba en si es o no persona. Las posturas son hasta ahora irreconciliables. Por una parte se niega la calidad de individuo humano al embrión en tanto no se haya desarrollado el tejido nervioso. Por otra parte, se concede personalidad al embrión desde la concepción, señalando que en ese momento comienza un proceso biológico sin interrupciones en el que se definen características fundamentales del ser humano, por lo que desde ese momento puede hablarse ya de un individuo de la especie humana.
En esta necesaria –si bien constante e infinita- búsqueda de la verdad, invito igualmente a mis antagonistas a someterse a estas simples reglas de ética racional, propuestas por Karl Popper (1902-1994), a quien difícilmente podrán calificar de irracional, oscurantista o reaccionario: “los principios que constituyen la base de toda discusión racional, es decir de toda discusión emprendida en búsqueda de la verdad, constituyen los principios éticos esenciales”. Me gustaría enuncias aquí tres de estos principios:
1. El principio de la falibilidad: quizás yo estoy equivocado y quizás tu tienes la razón, pero es fácil que ambos estemos equivocados.
2. El principio de discusión racional: intentamos sopesar de forma tan impersonal como sea posible, las razones en pro y en contra de una teoría.
3. El principio de la aproximación a la verdad: en una discusión que evite los ataques personales, casi siempre podemos acercarnos a la verdad.
La Suprema Corte de Justicia se encuentra en el momento histórico de resolver sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las recientes reformas al Código Penal del Distrito Federal, respecto a la tipificación del aborto y los abundantes argumentos que se han esgrimido a favor de ambas posturas, son en esencia de naturaleza científica, es decir, basados en “conocimientos científicos”.
Sin embargo, y citando de nuevo a Popper, “no podemos aspirar razonablemente a la certeza: tan pronto constatamos que el conocimiento humano es falible; también constatamos que nunca estamos totalmente seguros”
¿Qué puede hacer nuestro máximo tribunal ante esta disyuntiva? ¿Qué actitud debe tomar ante la falibilidad humana, los limites del conocimiento y perfectibilidad de la ciencia?
Ciertamente hemos pasado el tiempo de las disquisiciones filosóficas y debemos concentrarnos en lo estrictamente jurídico, por tanto la cuestión es qué postura tomar ante esta encrucijada, desde el punto de vista constitucional.
Creo no equivocarme si sugiero aplicar el principio pro homine, según el cual el legislador puede ampliar pero no restringir los derechos fundamentales y el principio in dubio pro reo (pro operario o pro minor) según la cual en caso de duda –como es el caso- deberá tomarse postura a favor del mas débil. Ambos principios han sido consistentemente sostenidos tanto por nuestro máximo tribunal como por los tribunales internacionales, y por los tratados internacionales que nuestro país ha suscrito.
Conscientes pues de que nuestro conocimiento es limitado y la ciencia perfectible, hemos de emprender el largo camino de una discusión racional; mientras tanto y hasta entonces no hayamos llegado a conclusiones firmes, no debemos sino aplicar el principio pro homine en su vertiente favor debilis.
No quisiera terminar, sin citar una recomendación de Kant, que debiera gobernar todas y cada una de nuestras decisiones morales: «Para saber lo que he de hacer para que mi querer sea moralmente bueno, no necesito ir a buscar muy lejos una penetración especial… bástame preguntar: ¿puedes creer que tu máxima se convierta en ley universal? Si no, es una máxima reprobable».

Chivo expiatorio

Por: Querien Vangal

El chivo expiatorio es explicado como una pintura de Dios borrando nuestros pecados.

Quiero contarles una historia para explicar que significa la palabra "chivo expiatorio".

Un día todos los niños en un jardín estaban gateando alrededor de un tarro de galletitas tratando de agarrar una galletita. Alguien golpeó el tarro de galletitas. Los niños corrieron rápidamente para escapar mientras se caía al piso. La maestra escuchó el ruido fuerte y vio los pedazos de galletitas y los vidrios rotos sobre le piso. "¿Quien lo hizo?" preguntó. Nadie dijo una palabra . Se sentían todos culpables porque todos habían estado cerca del tarro cuando se cayó. Pero ninguno sabía a quien culpar. "¡Woof!" ladró Spot, la mascota de la escuela. "Oh, ¿así que sabes quien lo hizo?" la maestra le preguntó al perro. "Bueno, como nadie quiere asumir la culpa supongo que serás el chivo expiatorio y asumirás la culpa por todos ellos", ella explicó. ¡Ahora irán al patio de la escuela y no pueden regresar adentro!"

Así que de esta historia sabemos lo que es un chivo expiatorio alguien que asume la culpa por otros. Mientras que los hijos de Israel estaban vagando en el yermo Dios les dijo que tengan un día especial cada año llamado el Día de expiación. En ese día los sacerdotes harían un sacrificio especial por los pecados de la gente. Como parte del sacrificio tomarían dos chivos, uno que sería matado por el Señor, y el otro que sería conservado vivo por el chivo expiatorio.*
El sacerdote pondría ambas manos en el chivo expiatorio y diría una oración. La oración era una confesión de pecados por las fechorías de la gente hechas el año pasado. Cuando decía esta oración le estaba pidiendo a Dios que pusiera toda la culpa por sus pecados en el chivo. Luego el chivo era liberado al yermo y nunca podría regresar al campo de los israelíes. Eso era la manera de Dios de decir que no los haría responsables por aquellas cosas malas que habían hecho nunca más. Podían ver que sus pecados, ahora en la cabeza del chivo, eran borrados de ellos.
Mira que lejos estoy estirando mis manos. [Sostenga sus brazos bien separados] Quiero que se imaginen que mis brazos podrían estirarse todo el camino hacia afuera de la ventana y tan lejos que no podrían ver más mis manos. La Biblia dice que Dios ha borrado nuestros pecados tan lejos como el este está del oeste. Este es un largo, largo camino. Jesús sacó todos nuestros pecados (o maldades) cuando murió en la cruz por nosotros. La Biblia dice en Isaías 53:6, Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Jesús asumió la culpa por nosotros. Él sacó el pecado de todos aquellos que iban a él por fe y confiaban en él como su Salvador.
Recemos:

Querido Señor Jesús,
Lo siento hago cosas malas algunas veces.
Gracias por alejar mis pecados.
Ayúdame a ser tu hijo. Amén.

* Por Azazel significa chivo de partida. El chivo ofrecido como una ofrenda pecado es la figura de Cristo todavía por venir. Fue matado como una ofrenda y quemado fuera del campo; Jesús fue crucificado por los pecados del mundo fuera de las puertas de Jerusalén. Asimismo, el chivo expiatorio es una figura de Jesús borrando nuestros pecados.

lunes, 9 de junio de 2008

Medios... incuestionables bienes públicos

Fuente: Yoinfluyo.com
Autora: Ma. Teresa Guevara de Urrutia

Los medios de comunicación juegan un incuestionable papel estratégico en el mundo de hoy; son nuestra primera fuente de información, son el canal mediante el cual conocemos las opciones políticas que conducirán nuestros países, y son quienes nos acercan mediante la publicidad, las principales innovaciones y opciones de compra.
En un país como México, la radio y la televisión además representan la principal fuente de diversión para un porcentaje alto de la población. Ambos son bienes públicos concesionados a personas que tienen una responsabilidad social frente a la ciudadanía.
En el marco de las últimas reformas de ley y del reciente Acuerdo de Calidad firmado en Los Pinos entre medios de comunicación, anunciantes y la sociedad organizada, con el gobierno como testigo, Yo Influyo entrevistó a la Dra. Ana Azurmendi, quien es Profesora de Derecho de la Información en la Universidad de Navarra, y Directora de la revista Comunicación y Sociedad.

YI: Basada en tu experiencia internacional, ¿cuáles son las herramientas jurídicas, institucionales o sociales que garantizan de manera más eficaz el equilibrio entre la libertad de expresión y la responsabilidad en la expresión de los medios de comunicación?
Ana: Si hubiera que hablar de los instrumentos existentes para garantizar un equilibrio entre libertad de expresión y responsabilidad en los medios de comunicación, comenzaría hablando de la cualificación profesional de los periodistas y de los editores-directores de revistas y programas de televisión. Pienso que es a través de sus decisiones sobre qué contenidos editarán y, posteriormente, transmitirán, donde la sociedad se juega, en primer lugar, si los derechos de la personalidad y de expresión se garantizarán o no. En segundo lugar, hablaría del reconocimiento constitucional de estos derechos, porque, junto con la tarea de los jueces –a veces ante conflictos extremos entre derechos–, la Constitución es una referencia sobre los principios que deben regir la convivencia social.
YI: ¿Cuáles son las consecuencias sociales de que los medios no tengan límites y, por tanto, no respeten los derechos de las personas, particularmente que no protejan a la infancia y a la juventud en la emisión de sus contenidos?
Ana: Habría que acudir a los estudios de carácter sociológico para hablar con propiedad de ese tipo de consecuencias, por lo tanto, hablaré de mi percepción como ciudadana y telespectadora. Pienso que se produce en el público un rebajamiento de la exigencia de calidad en la televisión, hasta el punto de que cuando se alcanza a ver un programa interesante, entretenido y cuidado, uno se sorprende como si fuera la excepción en la programación. Por otro lado, la proliferación de contenidos centrados en la vida privada de famosos o menos famosos, nos insensibiliza hacia la intimidad de esos personajes, y probablemente también hacia la vida privada como valor en sí mismo.

YI: ¿Consideras que los medios de comunicación tienen un papel educativo?
Ana: Creo que el papel de los medios de comunicación es el de informar y entretener. La influencia de los medios viene de ahí, pero a esa influencia no le llamaría educación. Pienso en televisiones como la BBC británica, con programas de calidad –debates, entrevistas, documentales de arte o de historia muy fáciles de seguir y con un contenido excelente–, y de nuevo lo esencial es que informan. Ni siquiera de esos programas de calidad diría que son educativos, o que su finalidad es educar.
YI: ¿Qué puede hacer el ciudadano, receptor de los medios, para que estos eleven la calidad de sus contenidos?
Ana: Actuar, decir lo que piensa, exigir lo que quiere de los medios, olvidarse de que es un ciudadano "sólo receptor de medios de comunicación", y verse como ciudadano activo.
YI: ¿Algún mensaje final que le quieras dar a la ciber audiencia de YI?
Ana: Agradezco mucho esta oportunidad de reflexionar sobre la responsabilidad de los profesionales de comunicación ante los ciudadanos, porque para mí, eso ha sido esta entrevista. ¡Y feliz 2008 para todos!



¡Nos gusta ser más interesantes... que la gente!

Fuente: Yoinfluyo.com
Autora: Norma Mendoza Alexandry


El tema de la juventud es poco tratado por los adultos; sin embargo, recuerdan con melancolía su propia juventud. La rama de la Pedagogía enfocada a la familia nos dice que la adolescencia es el “descubrimiento de la intimidad”. Es una etapa a la que se ha llegado después de haber experimentado un crecimiento biológico (cuerpo), psicológico (mente) y en relaciones con su entorno (padres, familia y sociedad).
Todos quienes forman parte de la sociedad organizada –familia, sociedad civil, escuela, Iglesia y Estado– trasmiten a las nuevas generaciones la cultura de la sociedad de la que forman parte. Son educadores en sentido amplio y participan de forma espontánea o sistematizada en la transmisión de los conocimientos, las experiencias, los valores y las virtudes o los vicios que se viven en cada tiempo y en cada lugar.
Pero lo más importante es que el padre y la madre son los primeros y más importantes educadores de sus hijos. Las relaciones entre los padres, su concepción de familia y del matrimonio, la aceptación de los hijos y el respeto que se vive entre los miembros del hogar, son factores determinantes para inculcar en los niños y adolescentes criterios relacionados con la dignidad de la persona, para intervenir en su formación intelectual y volitiva que los lleve a la formación de un carácter fuerte, esto es, que los lleva a ser buenos ciudadanos y personas adultas de recto criterio.
Los seres humanos aprendemos principalmente con el ejemplo. Para encarnar los valores, debemos percibirlos a diario, palparlos y hacerlos nuestros.
Hoy, en esta Ciudad nuestra se habla de un nuevo concepto: “tribus urbanas”. Esta expresión no necesariamente contiene un significado positivo, más bien su definición sería: movimientos sociales de rechazo. Dentro de éstas hay una larga lista de grupos de adolescentes (“emos”, “punks”, “darketos”…).
En una entrevista periodística reciente (1) se les inquirió sus razones o sin-razones de su actuar estrambótico, bi-sexual, de su ropa estrafalaria, de sus reuniones “cariñosas, emotivas, oscuras” (sic), y dieron una respuesta concordante a las fallas de los adultos: “…nos gusta ser más interesantes, que la gente nos mire, que sienta interés por saber quiénes somos o por qué hacemos esto…”. El fleco en la cara tiene un significado: “es la cortina que nos cubre de todas las injusticias y lo que está mal en el mundo…” (Sic).
Los adolescentes se han dado cuenta de las injusticias. Efectivamente, desde antes de nacer muchos son rechazados o fueron fruto de relaciones sexuales solamente y no fruto del amor de un padre y una madre conscientes de su procreación. Muchos han crecido “así nada más”, en guarderías a los que mejor les va, o fueron encargados con alguien que no se ocupó de ellos mientras la madre soltera o divorciada o los padres ausentes tenían que trabajar.
Al llegar a la adolescencia, el descubrimiento de sí mismo es un mundo nuevo por conocer en su propio descubrimiento, o en su búsqueda de la perfección. Pero como ésta no es posible, caen en un estado de frustración.
Los medios de comunicación en los que quizá crecieron, viendo muchas horas de televisión sin control alguno, los hicieron desear todo lo material: un buen coche, un celular, unos ‘nike’ de última moda, y se sienten presionados y frustrados ante cualquier carencia o imperfección que detecten, buscan inclusión grupal y, por ende, ser aceptados en su estilo propio.
Aún más, la rebeldía, manifestación típica de la adolescencia, es una protesta contra el orden establecido, contra el autoritarismo, contra la sociedad que los rechaza y no los toma en cuenta; necesitan urgentemente que sus puntos de vista sean escuchados.
Según famosos pedagogos, entre los 14 y los 17 años se presenta la fase de negativismo y las impertinencias, la cual propicia la rebeldía tanto en el ámbito familiar como en el escolar y social. Los adolescentes sienten inseguridad, abandono; de allí su unión en las “tribus” en las que la regla básica es “apoyarse y defenderse unos a otros” (sic).
En su búsqueda de identidad y el anhelo de una libertad acotada por ellos mismos, en su deseo de ser como los demás, dentro de su grupúsculo rechazan ser masificados y tratan de ser originales. De allí que se haya generado un mercado en tiendas de ropa que busca satisfacer sus gustos.
La libertad buscada se limita al hedonismo: “besarse, tocarse, sin compromisos, incluso entre extraños” (sic) y oír música sin bailar, fumando, tomando y explorando con qué identificarse. Oscilan entre la bi-sexualidad y la creación de un estilo propio dentro de la presión del grupo y la voluntad de los líderes.
¿En qué estamos fallando los padres, la escuela, la sociedad?
Si reflexionamos un poco, la paternidad (padre y madre) no termina en la procreación sino en la educación, y ésta debe prolongarse cuanto sea posible. La formación de la persona deriva de la forja de la inteligencia, la voluntad, y de la relación de éstas con los sentimientos.
“Las personas no actúan sino por medio de determinados instrumentos intrínsecos de acción que reciben el nombre de facultades o potencias” (2), por tanto, lo que debe hacerse para penetrar en el núcleo fundamental de la persona, es incidir en las potencias o facultades capaces de recibir los efectos o el influjo de las acciones del exterior y de las acciones propias.
Lo que se necesita es una decisiva intervención en la vida del hijo. Del modo de intervenir que se tenga depende el efecto positivo o negativo. Si se pretende imponer o interferir en la actividad del otro a modo de intrusión en la intimidad ajena, es lógico que produzca rechazo; pero si se ajusta a la libertad ajena siendo ésta responsable, la intervención puede ser muy positiva.
Aunado a esto, debe intervenir la acción educativa como relación de ayuda propia de los padres, educadores, actividad pastoral, asistencia social, que es el auxilio prestado por un ser humano a otro mediante un proceso que se propone hacerle capaz de desarrollarse como persona, enseñándole a tomar decisiones, a saber resolver los problemas con los que se encuentre en la vida, y a superar los momentos de crisis que a todos pueden afectarnos esencialmente en ciertas etapas del desarrollo vital.
Todo esto aunado a una autoridad (lat. auctoritas: hacer crecer) correctamente entendida en términos de cooperación, comprensión, relación de ayuda, y no en forma de autoritarismo, será el cauce correcto para una educación eficaz y formativa.
En el orden de los derechos humanos donde aún hay mucho que conquistar, se ha tomado conciencia de que todos los seres humanos son personas y, por tanto, poseen igual dignidad. Sin embargo, este hecho escrito con tanta fuerza en el espíritu de todos, es frecuentemente olvidado e incluso violado.
Socialmente hablando, las desigualdades extremas en el acceso a oportunidades socioeconómicas mantienen y agudizan dramas como la miseria en que viven algunas comunidades, la segregación de la mujer –sobre todo de la mujer pobre– en algunas áreas, la marginación de los discapacitados, la falta de oportunidades para la juventud…
Todo esto sucede en una sociedad con fuertes fracturas que generan exclusión, tensión y con frecuencia ideologías intolerantes racionalizadoras de las mismas. De allí que no sorprende la conformación de las llamadas “tribus urbanas”. Recordemos algo que no necesita explicación: los niños son el futuro de nuestro País y de nuestra sociedad, ¿qué estamos haciendo nosotros por ellos?
“El hombre moderno ha topado consigo mismo y vive obsesionado por alcanzar la comprensión, la expresión y la realización de sí mismo. Todavía estamos inmersos en el horizonte de lo antropológico, entre la admiración y el espanto que nos produce lo humano”. Lobato, A. (3)
Hay que decir con Heidegger, que nunca hemos sabido tanto sobre el hombre, y nunca como en este momento sabemos menos de él.
(1) REFORMA Staff. Irrumpen Adolescentes. Nacional pág. 7. 29 Marzo, 08.
(2) C. Llano. Formación de la Inteligencia, la Voluntad y el Carácter. Edit. Trillas, Pág. 5.
(3) Lobato, A. OP. El Ser Personal. Roma, Italia 1994, Univ. Sancti Thomas Aquinatis.



jueves, 15 de mayo de 2008

Medios... Incuestionables bienes públicos

Fuente: Yoinfluyo.com
Autora: Ma. Teresa Guevara de Urrutia

Los medios de comunicación juegan un incuestionable papel estratégico en el mundo de hoy; son nuestra primera fuente de información, son el canal mediante el cual conocemos las opciones políticas que conducirán nuestros países, y son quienes nos acercan mediante la publicidad, las principales innovaciones y opciones de compra.
En un país como México, la radio y la televisión además representan la principal fuente de diversión para un porcentaje alto de la población. Ambos son bienes públicos concesionados a personas que tienen una responsabilidad social frente a la ciudadanía.
En el marco de las últimas reformas de ley y del reciente Acuerdo de Calidad firmado en Los Pinos entre medios de comunicación, anunciantes y la sociedad organizada, con el gobierno como testigo, Yo Influyo entrevistó a la Dra. Ana Azurmendi, quien es Profesora de Derecho de la Información en la Universidad de Navarra, y Directora de la revista Comunicación y Sociedad.

YI: Basada en tu experiencia internacional, ¿cuáles son las herramientas jurídicas, institucionales o sociales que garantizan de manera más eficaz el equilibrio entre la libertad de expresión y la responsabilidad en la expresión de los medios de comunicación?
Ana: Si hubiera que hablar de los instrumentos existentes para garantizar un equilibrio entre libertad de expresión y responsabilidad en los medios de comunicación, comenzaría hablando de la cualificación profesional de los periodistas y de los editores-directores de revistas y programas de televisión. Pienso que es a través de sus decisiones sobre qué contenidos editarán y, posteriormente, transmitirán, donde la sociedad se juega, en primer lugar, si los derechos de la personalidad y de expresión se garantizarán o no. En segundo lugar, hablaría del reconocimiento constitucional de estos derechos, porque, junto con la tarea de los jueces –a veces ante conflictos extremos entre derechos–, la Constitución es una referencia sobre los principios que deben regir la convivencia social.
YI: ¿Cuáles son las consecuencias sociales de que los medios no tengan límites y, por tanto, no respeten los derechos de las personas, particularmente que no protejan a la infancia y a la juventud en la emisión de sus contenidos?
Ana: Habría que acudir a los estudios de carácter sociológico para hablar con propiedad de ese tipo de consecuencias, por lo tanto, hablaré de mi percepción como ciudadana y telespectadora. Pienso que se produce en el público un rebajamiento de la exigencia de calidad en la televisión, hasta el punto de que cuando se alcanza a ver un programa interesante, entretenido y cuidado, uno se sorprende como si fuera la excepción en la programación. Por otro lado, la proliferación de contenidos centrados en la vida privada de famosos o menos famosos, nos insensibiliza hacia la intimidad de esos personajes, y probablemente también hacia la vida privada como valor en sí mismo.

YI: ¿Consideras que los medios de comunicación tienen un papel educativo?
Ana: Creo que el papel de los medios de comunicación es el de informar y entretener. La influencia de los medios viene de ahí, pero a esa influencia no le llamaría educación. Pienso en televisiones como la BBC británica, con programas de calidad –debates, entrevistas, documentales de arte o de historia muy fáciles de seguir y con un contenido excelente–, y de nuevo lo esencial es que informan. Ni siquiera de esos programas de calidad diría que son educativos, o que su finalidad es educar.
YI: ¿Qué puede hacer el ciudadano, receptor de los medios, para que estos eleven la calidad de sus contenidos?
Ana: Actuar, decir lo que piensa, exigir lo que quiere de los medios, olvidarse de que es un ciudadano "sólo receptor de medios de comunicación", y verse como ciudadano activo.
YI: ¿Algún mensaje final que le quieras dar a la ciber audiencia de YI?
Ana: Agradezco mucho esta oportunidad de reflexionar sobre la responsabilidad de los profesionales de comunicación ante los ciudadanos, porque para mí, eso ha sido esta entrevista.
¡Y feliz 2008 para todos!



¡Nos gusta ser más interesantes... que la gente nos mire!

Fuente: Yoinfluyo.com
Autora: Norma Mendoza Alexandry

El tema de la juventud es poco tratado por los adultos; sin embargo, recuerdan con melancolía su propia juventud. La rama de la Pedagogía enfocada a la familia nos dice que la adolescencia es el “descubrimiento de la intimidad”. Es una etapa a la que se ha llegado después de haber experimentado un crecimiento biológico (cuerpo), psicológico (mente) y en relaciones con su entorno (padres, familia y sociedad).
Todos quienes forman parte de la sociedad organizada –familia, sociedad civil, escuela, Iglesia y Estado– trasmiten a las nuevas generaciones la cultura de la sociedad de la que forman parte. Son educadores en sentido amplio y participan de forma espontánea o sistematizada en la transmisión de los conocimientos, las experiencias, los valores y las virtudes o los vicios que se viven en cada tiempo y en cada lugar.
Pero lo más importante es que el padre y la madre son los primeros y más importantes educadores de sus hijos. Las relaciones entre los padres, su concepción de familia y del matrimonio, la aceptación de los hijos y el respeto que se vive entre los miembros del hogar, son factores determinantes para inculcar en los niños y adolescentes criterios relacionados con la dignidad de la persona, para intervenir en su formación intelectual y volitiva que los lleve a la formación de un carácter fuerte, esto es, que los lleva a ser buenos ciudadanos y personas adultas de recto criterio.
Los seres humanos aprendemos principalmente con el ejemplo. Para encarnar los valores, debemos percibirlos a diario, palparlos y hacerlos nuestros.
Hoy, en esta Ciudad nuestra se habla de un nuevo concepto: “tribus urbanas”. Esta expresión no necesariamente contiene un significado positivo, más bien su definición sería: movimientos sociales de rechazo. Dentro de éstas hay una larga lista de grupos de adolescentes (“emos”, “punks”, “darketos”…).
En una entrevista periodística reciente (1) se les inquirió sus razones o sin-razones de su actuar estrambótico, bi-sexual, de su ropa estrafalaria, de sus reuniones “cariñosas, emotivas, oscuras” (sic), y dieron una respuesta concordante a las fallas de los adultos: “…nos gusta ser más interesantes, que la gente nos mire, que sienta interés por saber quiénes somos o por qué hacemos esto…”. El fleco en la cara tiene un significado: “es la cortina que nos cubre de todas las injusticias y lo que está mal en el mundo…” (Sic).
Los adolescentes se han dado cuenta de las injusticias. Efectivamente, desde antes de nacer muchos son rechazados o fueron fruto de relaciones sexuales solamente y no fruto del amor de un padre y una madre conscientes de su procreación. Muchos han crecido “así nada más”, en guarderías a los que mejor les va, o fueron encargados con alguien que no se ocupó de ellos mientras la madre soltera o divorciada o los padres ausentes tenían que trabajar.
Al llegar a la adolescencia, el descubrimiento de sí mismo es un mundo nuevo por conocer en su propio descubrimiento, o en su búsqueda de la perfección. Pero como ésta no es posible, caen en un estado de frustración.
Los medios de comunicación en los que quizá crecieron, viendo muchas horas de televisión sin control alguno, los hicieron desear todo lo material: un buen coche, un celular, unos ‘nike’ de última moda, y se sienten presionados y frustrados ante cualquier carencia o imperfección que detecten, buscan inclusión grupal y, por ende, ser aceptados en su estilo propio.
Aún más, la rebeldía, manifestación típica de la adolescencia, es una protesta contra el orden establecido, contra el autoritarismo, contra la sociedad que los rechaza y no los toma en cuenta; necesitan urgentemente que sus puntos de vista sean escuchados.
Según famosos pedagogos, entre los 14 y los 17 años se presenta la fase de negativismo y las impertinencias, la cual propicia la rebeldía tanto en el ámbito familiar como en el escolar y social. Los adolescentes sienten inseguridad, abandono; de allí su unión en las “tribus” en las que la regla básica es “apoyarse y defenderse unos a otros” (sic).
En su búsqueda de identidad y el anhelo de una libertad acotada por ellos mismos, en su deseo de ser como los demás, dentro de su grupúsculo rechazan ser masificados y tratan de ser originales. De allí que se haya generado un mercado en tiendas de ropa que busca satisfacer sus gustos.
La libertad buscada se limita al hedonismo: “besarse, tocarse, sin compromisos, incluso entre extraños” (sic) y oír música sin bailar, fumando, tomando y explorando con qué identificarse. Oscilan entre la bi-sexualidad y la creación de un estilo propio dentro de la presión del grupo y la voluntad de los líderes.
¿En qué estamos fallando los padres, la escuela, la sociedad?
Si reflexionamos un poco, la paternidad (padre y madre) no termina en la procreación sino en la educación, y ésta debe prolongarse cuanto sea posible. La formación de la persona deriva de la forja de la inteligencia, la voluntad, y de la relación de éstas con los sentimientos.
“Las personas no actúan sino por medio de determinados instrumentos intrínsecos de acción que reciben el nombre de facultades o potencias” (2), por tanto, lo que debe hacerse para penetrar en el núcleo fundamental de la persona, es incidir en las potencias o facultades capaces de recibir los efectos o el influjo de las acciones del exterior y de las acciones propias.
Lo que se necesita es una decisiva intervención en la vida del hijo. Del modo de intervenir que se tenga depende el efecto positivo o negativo. Si se pretende imponer o interferir en la actividad del otro a modo de intrusión en la intimidad ajena, es lógico que produzca rechazo; pero si se ajusta a la libertad ajena siendo ésta responsable, la intervención puede ser muy positiva.
Aunado a esto, debe intervenir la acción educativa como relación de ayuda propia de los padres, educadores, actividad pastoral, asistencia social, que es el auxilio prestado por un ser humano a otro mediante un proceso que se propone hacerle capaz de desarrollarse como persona, enseñándole a tomar decisiones, a saber resolver los problemas con los que se encuentre en la vida, y a superar los momentos de crisis que a todos pueden afectarnos esencialmente en ciertas etapas del desarrollo vital.
Todo esto aunado a una autoridad (lat. auctoritas: hacer crecer) correctamente entendida en términos de cooperación, comprensión, relación de ayuda, y no en forma de autoritarismo, será el cauce correcto para una educación eficaz y formativa.
En el orden de los derechos humanos donde aún hay mucho que conquistar, se ha tomado conciencia de que todos los seres humanos son personas y, por tanto, poseen igual dignidad. Sin embargo, este hecho escrito con tanta fuerza en el espíritu de todos, es frecuentemente olvidado e incluso violado.
Socialmente hablando, las desigualdades extremas en el acceso a oportunidades socioeconómicas mantienen y agudizan dramas como la miseria en que viven algunas comunidades, la segregación de la mujer –sobre todo de la mujer pobre– en algunas áreas, la marginación de los discapacitados, la falta de oportunidades para la juventud…
Todo esto sucede en una sociedad con fuertes fracturas que generan exclusión, tensión y con frecuencia ideologías intolerantes racionalizadoras de las mismas. De allí que no sorprende la conformación de las llamadas “tribus urbanas”. Recordemos algo que no necesita explicación: los niños son el futuro de nuestro País y de nuestra sociedad, ¿qué estamos haciendo nosotros por ellos?
“El hombre moderno ha topado consigo mismo y vive obsesionado por alcanzar la comprensión, la expresión y la realización de sí mismo. Todavía estamos inmersos en el horizonte de lo antropológico, entre la admiración y el espanto que nos produce lo humano”. Lobato, A. (3)
Hay que decir con Heidegger, que nunca hemos sabido tanto sobre el hombre, y nunca como en este momento sabemos menos de él.
(1) REFORMA Staff. Irrumpen Adolescentes. Nacional pág. 7. 29 Marzo, 08.
(2) C. Llano. Formación de la Inteligencia, la Voluntad y el Carácter. Edit. Trillas, Pág. 5.
(3) Lobato, A. OP. El Ser Personal. Roma, Italia 1994, Univ. Sancti Thomas Aquinatis.