miércoles, 20 de febrero de 2008

Saltar al vacio

Por: Querien Vangal


Cada vez que veía fotos de hombres lanzándose desde un avión, el joven sentía la necesidad interior de estar entre ellos. Quería ser paracaidista.

-¿Por qué ellos sí y yo no? -se decía.

Lo primero que hizo fue conseguir un instructivo sobre diversos tipos de paracaídas. Después inició y concluyó un estudio comparativo de aviones modernos. Como se dio cuenta de que ignoraba muchas cosas, decidió estudiar también un master en caída de cuerpos, atracción de masas y fricción. Concluyó su preparación con un año de estudios meteorológicos y movimientos de corrientes de aire.

Por fin, cuando se sintió preparado, eligió cuidadosamente el avión. Era un bimotor que aún seguía en uso y tenía buen aspecto.

Al despegar le dijo al piloto que se dirigiera al punto que, ya antes, le había señalado en el mapa con una regla y un compás. El momento se acercaba y al elevarse el avión, el joven sentía más y más el vértigo entusiasmante de volar.

Por fin, cuando se encontraban a la altura perfecta se levantó del asiento, abrió la escotilla y sintió el viento helado en la cara. Permaneció allí unos instantes llenando los pulmones con el puro azul del cielo...

Pero no saltó.

Cerró la escotilla y mandó aterrizar. Había olvidado que para saltar hace falta una cosa más. Ser un valiente.

Conozco a quienes pasan la vida preparándose para orar; buscan métodos de oración novedosos y consejeros de todo tipo pero, llegado el momento, no hablan con Dios. Y es que para hablar con Dios hay que ejercitar la fe y olvidan que para vivir de fe hace falta... ser un valiente; o sea, pedirla.

¿Quienes son?

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Los inmigrantes en el debate sobre la inmigración indocumentada existen dos posturas extremas a menudo salpicadas de prejuicios, temores infundados y actitudes xenofóbicas.

Por un lado están quienes consideran que los indocumentados son indeseables porque transgreden las leyes de este país y exacerban los problemas sociales al hacer uso de servicios públicos que no les corresponden.

En el otro extremo están quienes los defienden a capa y espada. Para ellos, los indocumentados son verdaderos héroes que llegan a este país a hacer trabajos que nadie quiere y que con su invaluable esfuerzo contribuyen a la grandeza tanto de EU como de su país de origen.

Dentro de este contexto altamente polarizado ha surgido la voz inteligente y moderada de Juan Hernández, el catedrático de la Universidad de Texas que cobró notoriedad al ser designado por Vicente Fox para dirigir la primera Oficina de la Presidencia para Mexicanos y México americanos en el Extranjero.

Hernández está a punto de publicar un libro en inglés titulado México, Missouri. Who are the immigrants and why are they here? [¿Quiénes son los inmigrantes y por qué están aquí?] en el que aborda de manera amplia y equilibrada el problema de la inmigración indocumentada. El título se refiere a un pequeño poblado estadounidense con una creciente población mexicana.

Desde la perspectiva de un intelectual con profundas raíces en ambos países (su padre es un abogado originario de México y su madre es una pintora estadounidense), Hernández empieza por subrayar los hechos irrefutables de que los aproximadamente 10 millones de mexicanos indocumentados que viven en este país no se irán y que el actual sistema migratorio de EU simplemente no funciona.

A partir de esa base, Hernández analiza –sobre la base de estadísticas y estudios hechos por organizaciones de gran prestigio las aportaciones de los inmigrantes mexicanos a la economía de este país, así como las graves consecuencias que se derivarían de una hipotética deportación de quienes no tienen papeles.

Una parte importante del libro se refiere a los prejuicios que tienen algunos sectores de EU hacia México. Hernández subraya que, aun en esta época de temor hacia el terrorismo, sería por demás injusto tratar a México como si fuese un enemigo. La realidad, como subraya el autor, es que a pesar de lo que se dice, los lazos que unen a los habitantes de ambos países son cada vez más fuertes y amplios.

Para demostrar quiénes y cómo son los mexicanos que viven en EU , el autor presenta el testimonio de varios de ellos. Se trata del capítulo central y más interesante de la obra porque, a través de sus propias palabras, los inmigrantes cuentan cómo llegaron aquí, qué obstáculos tuvieron que superar y cómo poco a poco han logrado asimilarse a este país y empezar a disfrutar del multicitado sueño americano’.

Una de las principales conclusiones de Hernández es que, si bien el problema de la inmigración indocumentada es sumamente complejo, las consecuencias serán más graves si no se enfrenta hoy de una vez por todas.

Y a manera de contribución para solucionar el problema propone la idea de crear una Comunidad de Norteamérica integrada por Estados Unidos, México y Canadá que sirva para que las tres naciones compartan sus recursos no sólo naturales y económicos sino humanos y, de esta forma, refuercen su potencial.

La obra es, en definitiva, una lectura obligada para todos aquellos interesados en las relaciones México-EU y en el fenómeno migratorio.


¿Qué hay en nuestra profundidad?

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

El mar, cuando está tranquilo, visto de donde sea es relajante, su placidez se antoja infinita y su belleza es incomparable. Pero cuando lo perturbe una tormenta, como si protestara porque lo perturban, se convierte en una furia que atemoriza a cualquiera, así sea el más experimentado marinero. Pero de una u otra forma sólo se ve la superficie, sus olas y sus espumas, con sus rumores o su bonanza.

En lo profundo, el mar es otra cosa es un mundo inmenso, rico, lleno de vida. Peces y corales, cangrejos y medusas, pulpos y moluscos, nacen, viven y mueren en medio de rumores extraños y de luces que bailan con las olas.

Podemos ponernos un visor y miramos hacia adentro. Si nos sumergimos o simplemente metemos la cabeza en el agua, el ruido de la superficie desaparece, mientras lo profundo revela sus secretos. Bancos de peces pequeños rodean al observador. La luz del sol, a través del agua, intenta en vano llegar hasta más abajo y más lejos, mientras algunas pequeñas piedras bailan al compás de la marea.

La vida de cada ser humano es, como el mar, misteriosa. En la superficie, ante el espejo, ante los ojos ajenos, aparece un color, unas pecas, una mirada fugitiva, un diente roto, un pendiente que cuelga de la oreja izquierda. Lo profundo queda escondido. A los ojos de los demás y, también, a los ojos de uno mismo.

¿Cómo descubrir nuestro propio misterio? ¿Cómo saber si somos sólo un soplo pasajero, una roca testadura, una hierba que hoy crece y mañana será quemada junto a la leña del invierno? ¿Cómo intuir si nacimos para brillar como una cometa, si existimos para alegrar a otros, si moriremos sin dejar detrás de nosotros una estela, un recuerdo, una oración en algún corazón amigo?

Miramos hacia arriba. La luna asoma sus misterios en el cielo. Júpiter rompe el horizonte, mientras las primeras estrellas mandan una luz lejana, inquieta. Tal vez habrá que preguntar a Dios. Tal vez habrá que hablar con su corazón de Padre. Tal vez será hora de sentir que su mirada nos acoge, nos levanta; que su sonrisa da sentido a nuestras penas y dolores, a nuestros momentos de alegría y de victoria.

Volvemos a casa. Queda el recuerdo de un mar inmenso, rico, lleno de misterios. Como la vida de cada humano. Como nuestra vida, con sus momentos pasajeros y con su centella divina. No hemos nacido para el absurdo ni para el viento. La tumba no será la última palabra de nuestra historia.

Desde ahora, en lo más íntimo de nosotros mismo, podemos descubrir que el Amor da sentido a cada vida humana. A la mía y a la de quien vive cerca o lejos. A la de quien hoy llora, desesperado, porque no descubre el misterio de su propia profundidad, la caricia de un Dios que está siempre a nuestro lado.

Septiembre / 2005

Mensaje de Benedicto XVI

Por: Querien Vangal

La relación que existe entre familia y paz es profunda. Tan profunda que cada familia puede convertirse en fuente de concordia mundial o en inicio de nuevas tensiones en un planeta hambriento de justicia y de perdón.

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada mundial de la paz (2008), habla precisamente de la familia humana como “comunidad de paz”. Vale la pena considerar algunas ideas que ofrece este mensaje sumamente actual.

La familia, explica el Papa (n. 3), permite experimentar “algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo”.

Por eso, lo mejor que puede hacer cualquier estado es proteger y promover la institución de la familia. Al revés, un estado avanza hacia la violencia y la injusticia cuando daña o incluso destruye el núcleo fundamental, el “nido” (así llama el Papa a la familia) donde se aprende a vivir para la paz (cf. nn. 3-5).

Benedicto XVI enumera algunos de los peligros que van contra la paz al atentar contra la familia: “todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz” (n. 5).

La familia merece, por lo tanto, ser tutelada, también en aspectos tan importantes como la vivienda y la educación. Señala el Papa cómo cada familia “tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad doméstica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria básica para todos” (n. 5).

Después de hablar de la familia a nivel global, en su relación con el ambiente y con la vida económica, Benedicto XVI evidencia la importancia de reconocer y aceptar la norma moral como camino hacia la paz en todos los niveles. “Una familia vive en paz cuando todos sus miembros se ajustan a una norma común: esto es lo que impide el individualismo egoísta y lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su coexistencia armoniosa y la laboriosidad orgánica” (n. 11). Este principio, que vale para la familia, vale también para las sociedades y para la humanidad:

“¿Existen normas jurídicas para las relaciones entre las Naciones que componen la familia humana? Y si existen, ¿son eficaces? La respuesta es sí; las normas existen, pero para lograr que sean verdaderamente eficaces es preciso remontarse a la norma moral natural como base de la norma jurídica, de lo contrario ésta queda a merced de consensos frágiles y provisionales” (n. 12).

Las partes finales de este mensaje constituyen una invitación apremiante a trabajar por la paz en aquellas regiones de la tierra que sufren por culpa de la violencia y de la guerra, así como a relanzar el desarme, especialmente respecto de las armas nucleares.

A la vez, el Papa recuerda los importantes aniversarios que jalonan el año 2008: 60 aniversario de la Declaración universal de los derechos humanos (1948), 40 aniversario de la primera Jornada mundial por la paz (1968), 25 aniversario de la Carta de los derechos de la familia (1983).

La paz del mundo se construye desde la paz que nace de las familias. Todos podemos poner algo de nuestra parte. Todos podemos acoger la invitación que el Papa dirige “a todos los hombres y mujeres a que tomen una conciencia más clara sobre la común pertenencia a la única familia humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez más esta convicción, de la cual depende la instauración de una paz verdadera y duradera” (n. 15).

sábado, 16 de febrero de 2008

¿Realmente proteje el preservativo del SIDA?

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel


Existen personas se enfermaron de sida sin haber tenido la menor responsabilidad moral. La enfermedad puede haber sido adquirida por una transfusión sanguínea, un error médico o de contactos accidentales. Hay también miembros del personal paramédico que contraen el mal al dedicarse a los enfermos seropositivos.

Refiriéndose al recurso al preservativo en caso de sida, estas declaraciones han sembrado un profundo desconcierto en la opinión pública y en algunas iglesias, principalmente la católica. Ellas vienen con frecuencia acompañadas de palabras sorprendentes relativas a la persona y la función del Papa, al igual que a la autoridad de la Iglesia. Se encuentran también seguidas por los habituales cuadernos de reclamos con respecto a la moral sexual, al celibato, a la homosexualidad, a la ordenación de las mujeres, de la comunión dada a los divorciados vueltos a casar y a los que realizan abortos, etc. Una ocasión como otra para globalizar los problemas...

Estos dignatarios se han expresado con una indudable complacencia en los medios de difusión al gran público. Allí se expresaron a favor del uso del preservativo en caso de riesgo de contaminación por sida de la pareja sana. La Iglesia Católica debería, según ellos, cambiar su posición a este respecto.

Estas declaraciones provocan mucha confusión en la opinión pública; hacen dudar a los fieles, dividen a los sacerdotes, debilitan al episcopado, desacreditan al cuerpo cardenalicio, corroen el magisterio de la Iglesia Católica y enfrentan directamente al Santo Padre. Otras, al presente retiradas o muertas, habían ya causado la revuelta en estos dominios. Sin embargo, hoy estas declaraciones han causado consternación, porque la gente espera mayor prudencia, rigor moral, teológico y disciplinario de la parte de estos dignatarios. Influenciados por las ideas a la moda en algunos medios, estos dignatarios se esfuerzan en “justificar” el uso del preservativo armando una argumentación con cosas para todo uso como el mal menor o el doble efecto.

Uno de estos dignatarios hasta llegó a hacer del uso del preservativo un deber moral si se quiere evitar transgredir el V mandamiento. En efecto, según su argumento, si una persona afectada de sida rechaza practicar la abstinencia, debe proteger a su pareja y el único medio de hacerlo, en ese caso, es recurrir al preservativo.

No obstante, semejantes declaraciones sin duda causan perplejidad y revelan un conocimiento incompleto y parcial de la moral más natural y en particular de la moral cristiana. Su manera de presentar las cosas es, como mínimo, sorprendente.

La argumentación de los dignatarios con respecto al preservativo es de un simplismo inesperado, y recomendaríamos con gusto a los interesados tomar conocimiento de estudios científicos y clínicos que tienen gran rigor antes que repetir continuamente y creer los cuentos desmentidos desde hace tiempo por cualquier asociación de consumidores.

¿Cómo callar que el efecto de contención que parece tener el preservativo es ampliamente ilusorio? Lo es en la medida en que el llamado preservativo es mecánicamente frágil, en que incita a la multiplicación de las parejas, en que favorece la variedad de las experiencias sexuales y en que por todas estas razones aumenta los riesgos en lugar de disminuirlos.

La única prevención realmente eficaz, debe buscarse en la renuncia a los comportamientos de riesgo y en la fidelidad. Desde este punto de vista, la calificación moral del uso del preservativo es un problema de honestidad científica y de moral natural. La Iglesia Católica tiene no solamente el derecho, sino también el deber de pronunciarse sobre este tema.

Ahora bien, las intervenciones de los dignatarios omiten mencionar estudios recientes de un valor científico incontestable, como el del Dr. Jacques Suaudeau. A falta de estar informados de los estudios recientes, los autores podrían al menos tener en cuenta las advertencias anteriores, emanadas ellas también de las más altas autoridades científicas. En 1996, por ejemplo, se lee en el informe del Profesor Henri Lestradet, de la Academia nacional de Medicina (Paris) :

“Conviene [...] destacar que el preservativo fue inicialmente preconizado como medio anticonceptivo. Ahora bien, la tasa de fracaso varia en la opinión general entre 5 a 12 % por pareja y por año de utilización priori, [...] no se entiende cómo el HIV quinientas veces menos voluminoso que un espermatozoide se beneficiaría de una tasa de fracaso inferior. No obstante hay una enorme diferencia entre estas dos situaciones. En efecto, cuando como medio anticonceptivo el preservativo no es perfectamente eficaz, el fracaso tiene como consecuencia el desarrollo de una nueva vida mientras que con el HIV, el fracaso es la muerte segura y esto después de un periodo más o menos largo de incapacidad completa.”

Considerando a continuación los casos seropositivos, el mismo informe señala que“La única actitud responsable de la parte de un hombre seropositivo es en realidad de abstenerse de toda relación sexual, protegida o no. [...] Si se proyecta una relación estable de pareja, las recomendaciones deberían ser las siguientes: hacer cada uno un ‘test’ de diagnóstico precoz, repetirlo tres meses más tarde y en el intervalo abstenerse de toda relación sexual (con o sin preservativo). Luego privilegiar la fidelidad recíproca.”

Los dignatarios, autores de las declaraciones que analizamos, harían bien en prestar atención a una conclusión dramática del estudio médico que citamos:

“La afirmación mil veces proclamada (por los responsables de la salud, el Consejo superior del Sida y las asociaciones de lucha contra el sida) de la seguridad total aportada en todas circunstancias por el preservativo está sin ninguna duda en el origen de muchas contaminaciones de las cuales se niega encontrar la causa.”

Se han llevado a cabo campañas internacionales en las sociedades “expuestas” para inundarlas de preservativos. Fueron invitadas autoridades religiosas para dar su eminente patrocinio. Ahora bien, a pesar de estas compañas, y probablemente a causa de estas campañas, son regularmente observados progresos de la pandemia.

En julio de 2004, una de las mayores autoridades mundiales en materia de Sida, el médico belga Jean-Louis Lamboray, renunció al Programa de las Naciones Unidas contra el Sida (ONUSIDA). Motivaba su dimisión por “el fracaso de las políticas para frenar la propagación de esta enfermedad.” Estas políticas han fracasado porque “ONUSIDA olvidó que las verdaderas medidas preventivas se deciden en las casas de la gente y no en el escritorio de los expertos”.

Antes de lanzar declaraciones perentorias, los dignatarios podrían recordar lo que declaraba un medico muy mediático y poco sospechoso de simpatías por las posiciones de la Iglesia. He aquí lo que escribía en 1989 el difunto Profesor León Schwartzenberg : “Son, sin duda, principalmente los jóvenes quienes serán los propagadores [del sida] ; ahora bien, ellos no son absolutamente conscientes del drama del sida, que para ellos es una enfermedad de viejos. Ellos son reafirmados en esta convicción por la actitud de la clase política, mucho más vieja que ellos y que organiza una propaganda débil : la publicidad oficial por los preservativos parece ser hecha por gente que no los utiliza jamás, para gente que no quiere utilizarlos.”

Los oyentes, lectores y telespectadores no pueden por tanto creer ingenuamente las declaraciones imprudentes que les dirigen los dignatarios, sin arriesgarse a, como ellos, verse acusados tarde o temprano de estar “en el origen de gran número de contaminaciones.”

Además es engañoso afirmar que la Iglesia no tiene enseñanza oficial sobre el sida y el preservativo. Incluso si el Papa evita sistemáticamente utilizar esta última palabra, los problemas morales suscitados por el uso del preservativo son abordados en todas las grandes enseñanzas relativas a las relaciones conyugales y los fines del matrimonio. Cuando se trata el sida y el preservativo a la luz de la moral cristiana, hay que tener presente que recordar ésta comporta puntos esenciales: la unión carnal debe hacerse en el marco del matrimonio monogámico del hombre y de la mujer ; la fidelidad conyugal es el mejor resguardo contra las enfermedades sexualmente transmisibles y el sida ; la unión conyugal debe estar abierta a la vida, a lo que hay que agregar el respeto a la vida del otro.

Resulta que la Iglesia Católica no tiene que predicar una moral de la pareja sexual. Ella debe enseñar y enseña una moral conyugal y familiar. Ella se dirige a los esposos, a las parejas unidas sacramentalmente en el matrimonio, que es monogámico y heterosexual. Las declaraciones divulgadas a propósito del preservativo por los dignatarios conciernen parejas, las cuales mantienen relaciones pre o extramatrimoniales, episódicas o continuas, heterosexuales, homosexuales, lesbianas, sodomíticas, etc. No se ve por qué la Iglesia y, menos, cualquiera de los dignatarios investidos de autoridad magisterial, deberían, a riesgo de escandalizar, venir en auxilio del vagabundeo sexual y administrar los pecados de aquellos que, en la mayoría de los casos, se burlan completamente, en la práctica y con frecuencia en forma teórica, de la moral cristiana. “¡Pecad, hermanos, pero de manera segura!” ¡Luego del “Safe Sex” (Sexo seguro), he aquí el “Safe Sin” (Pecado seguro)!

La Iglesia y sus dignatarios no tienen en absoluto por misión explicar cómo hacer para pecar confortablemente. Abusarían de su autoridad si se pusieran a prodigar consejos sobre la manera de terminar un divorcio, ya que la Iglesia Católica considera que el divorcio está siempre mal. Es incluso endurecer al pecador, el mostrarle cómo él debería actuar para escapar de las consecuencias indeseables de su pecado.

De donde la pregunta: ¿es admisible que estos dignatarios, normalmente guardianes de la doctrina, oculten las exigencias de la moral natural y de la moral evangélica, y que no lancen más bien una llamada a un cambio de conducta?

Es inadmisible e irresponsable que estos dignatarios den su aprobación a la idea del sexo seguro, utilizada para dar tranquilidad a los usuarios del preservativo, mientras que se sabe que esta expresión es mentirosa y conduce al abismo. Estos distinguidos dignatarios deberían, por tanto, preguntarse si ellos no incitan solamente a despreciar el VI mandamiento de Dios, sino también a escarnecer el V mandamiento, "No matarás". La falsa seguridad ofrecida por el preservativo, lejos de reducir los riesgos de contaminación, los multiplica. El reproche de no honrar el V mandamiento se vuelve contra los mismos que lo dirigían a las "parejas" que no hacen uso del preservativo. La argumentación invocada para intentar "justificar" el uso "profiláctico" del preservativo es así reducida a nada, tanto con relación a la moral natural como a la moral cristiana.

Probablemente hubiese sido más simple decir que si los cónyuges se aman de verdad, y si uno es atacado por el cólera, la peste bubónica, o la tuberculosis pulmonar, se abstendrán de contactos para evitar el contagio.

Al comienzo de este análisis, señalábamos que los dignatarios que preconizan el preservativo asocian frecuentemente a su discurso otras causas que aquellas de las "parejas" sexuales previsoras y organizadas. De hecho, se cita en especial ese caso, para cuestionar toda la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana, sobre el matrimonio, luego sobre la familia, también sobre la sociedad, finalmente sobre la Iglesia misma. Es lo que explica en parte la ausencia casi total de interés de estos dignatarios por las conclusiones científicas y los datos de la moral natural. Estos son, sin embargo, las conclusiones y los datos, que los dignatarios deberían tomar en cuenta a la hora de hacer consideraciones sobre la moral cristiana. Ellos quieren incluso revolucionar la dogmática cristiana, pues se reservan el derecho de apelar a sus opiniones para convocar a toda la institución eclesial a una reforma susceptible de avalar su moral y su dogmática. Intentan así participar, en su ámbito, de esta nueva revolución cultural que analizamos en otro capítulo de este libro.

Sin embargo, como estos dignatarios cometieron, desde el punto de partida, un error de método, al despreciar datos esenciales del problema que pretenden tratar, se introducen en un camino resbaladizo. A partir de premisas falsas, sólo se puede llegar a conclusiones falsas. Es fácil ver donde conducen las consideraciones erráticas de los dignatarios implicados. Se las puede resumir en tres sofismas desmontables por cualquier estudiante secundario.

Primer sofisma:
Mayor: No utilizar el preservativo favorece el sida.
Menor: Favorecer el sida, es favorecer la muerte.
Conclusión: Por tanto, no utilizar el preservativo es favorecer la muerte.

Este razonamiento retorcido se basa en la idea que protegerse, es utilizar el preservativo. Las parejas sexuales pueden ser varias. La fidelidad ni siquiera es considerada. Supuestos irresistibles los impulsos sexuales e imposible la fidelidad conyugal, el único medio para no contraer el sida es hacer uso del preservativo.


Segundo sofisma:
Mayor: El preservativo es la única protección contra el sida.
Menor: La Iglesia Católica está contra el preservativo.
Conclusión: Por tanto, la Iglesia favorece el sida.

Este seudo silogismo se basa en una aserción abusiva enunciada en la mayor, a saber que el preservativo es la única protección contra el sida. Estamos en presencia de una petición de principio. Aquí se trata de un razonamiento falaz donde, la primera premisa siendo presentada como incontestable, va de suyo que el resto también lo es. Se afirma como verdadero lo que debería ser demostrado, a saber que el preservativo es la única protección contra el sida.

Un polisilogismo;
Aquí finalmente un ejemplo de seudo polisilogismo, un sorites sofístico, el cual los dignatarios podrían estudiar:
Mayor: La Iglesia Católica está contra el preservativo;
Menor: El preservativo evita los embarazos no deseados;
Conclusión/Mayor: Por tanto la Iglesia Católica favorece los embarazos no deseados.
Menor: Los embarazos no deseados se evitan por el aborto;
Conclusión: Por tanto, la Iglesia Católica favorece el aborto.
En resumen, la renovación de la moral y de las eclesiologías cristianas no tiene nada que esperar de la explotación pérfida de los enfermos y de su muerte.

Noviembre / 2005

¿Qué pasa con los derechos?

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel


La Modernidad se ufana de sus conquistas en el ámbito de los derechos humanos. El ser humano, por el mero hecho de serlo, posee la dignidad de persona; es decir, de un ser que es siempre fin en sí mismo y nunca medio para otra cosa. La sociedad, y la autoridad política, se pervierten y deslegitiman cuando pierden de vista su misión de ser garantes de los derechos de la persona.

Entre los ataques más lacerantes contra el ser humano se cuenta el recurso al aborto provocado. El aborto mata, daña, corrompe. Es letal para el niño aún no nacido. Es contrario a la vocación de los padres de alumbrar y cuidar la vida de sus propios hijos. Es un cáncer que se introduce en la sociedad, al hacerla sorda y muda ante el gemido de los más débiles.

No se concibe una sociedad civil y una legislación que cierre los ojos ante la gravedad del aborto. Mucho menos aún, una sociedad y una legislación que desampare o que incluso directamente promueva la eliminación de seres humanos inocentes aún no nacidos.

Si el aborto no sólo no se persigue como lo que es, un delito gravísimo, sino que se tolera o se fomenta, el Estado se convierte en un Leviatán hipócrita, que dice defender a sus ciudadanos, cuando, en realidad, dictamina, de modo caprichoso, que no todos son iguales. En función de diversos intereses, unos serán considerados dignos de vivir y otros no. El ser humano se convierte en juez y verdugo de si mismo.

Las intervenciones sobre el embrión humano, cuando no están orientadas a defenderlo, a cuidarlo y a atenderlo médicamente, son de igual modo un atentado contra la dignidad humana. Un diagnóstico de una malformación o de una enfermedad no debería equivaler, en un mundo civilizado, a una sentencia de muerte.

Mucho trabajo queda por hacer en la tarea de concienciarnos todos del deber de defender la vida. No deja de ser patético que aquellos que se autocalifican como “de izquierdas”, como defensores de los débiles, sean los primeros que están dispuestos a dar un sí, con su voto o con sus propuestas legislativas, a la eliminación violenta de tantos seres humanos.

Una empresa ejemplar

Fuente: Yoinfluyo.com
Autor: Fernando Sánchez Argomedo

¿Quién que nos lee no ha tenido alguna experiencia cercana con aquel Osito blanco que lleva en la cabeza un gorrito de panadero con una B en rojo y bien clara?

¿Quién no recuerda haber saboreado un delicioso pastelillo de chocolate con relleno cremoso y algo de fresa? ¿Quién no se ha preparado un delicioso “sándwich” o recuerda el cariño de mamá que nos preparaba nuestro “lunch” con dos piezas de pan de caja ahora llamado pan BIMBO?

¿Qué niño no ha tenido hoy la ilusión de llegar a casa o a la hora del recreo a comer un delicioso panecillo o galleta dulce?

Grupo BIMBO hoy es considerada una de las panificadoras más grandes del mundo, si no es que la más grande. Fue fundada en México en el año de 1945. Tiene una presencia en 18 países de América, Europa y Asia (México, Estados Unidos de América, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Panamá, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Perú, Venezuela, Uruguay, Paraguay, la República Checa y China).

Grupo BIMBO cuenta hoy con 91 mil colaboradores, es decir, 91 mil personas de forma directa, otras cientos de miles más, que se han visto beneficiadas con una oportunidad de empleo.


¿DÓNDE ESTÁ LA MAGIA?

Muchos podrán pensar que Grupo BIMBO, al ser un consorcio tan grande, ha crecido gracias a una filosofía capitalista, utilitarista, y justamente ahí esta la diferencia. En su filosofía dice así de claro “en el centro de todos (los valores), como principio fundamental, está la Persona, origen y fin de nuestra acción”.

Hace varios años tuve la oportunidad de entrar por primera vez a las oficina corporativas de Grupo BIMBO para visitar a Don Lorenzo Servitje. Una de las cosas que pensé en aquella ocasión fue que me encontraría con una gran oficina y con gran lujo. Cuál fue mi sorpresa al entrar y ver una oficina de tamaño mediano, muy agradable pero totalmente sobria y sin lujos.

Grupo BIMBO, como toda gran empresa, esta formado por personas, y son estas las que le dan el espíritu. He tenido también la oportunidad de visitar sus plantas, me he encontrado con un orden y una limpieza verdaderamente ejemplares. No sólo eso, la actitud de los obreros es de trabajo, compañerismo y equipo.

Recuerdo la anécdota de la pregunta sobre qué hacían tres albañiles que levantaban una pared: el primero contesto: “aquí, poniendo ladrillos”; el segundo dijo: “estoy construyendo una pared”; y el tercero contestó: “estoy construyendo una catedral”. Los empleados de BIMBO construyen catedrales.

La magia de Grupo BIMBO está en la forma en que hacen empresa, que es muy diferente a tantos consorcios y Grupos que tienen como único y a veces exclusivo objetivo, la utilidad. Yo podría asegurar que Grupo BIMBO es una empresa Social, no por el sólo hecho de que son Empresas Socialmente Responsables, sino por el mismo concepto que se tiene desde adentro.

Don Lorenzo comentó en una conferencia que las empresas se deben a las personas en tres ámbitos: hacia adentro de la empresa con sus colaboradores, ofreciendo trabajo y una meta común; hacia fuera, ofreciendo a los clientes los mejores productos con verdadero aprecio y cariño; y hacia su entorno, procurando mejorar las condiciones sociales de personas que lo necesitan.


LOS VALORES QUE SE VIVEN EN GRUPO BIMBO

Estoy convencido de que Grupo BIMBO vive los principios que pregona, y se puede constatar en cualquiera de las plantas de todo el mundo.

En su página Web podemos encontrar lo siguientes valores:

Persona
"Ver siempre al otro como persona, nunca como un instrumento". Don Lorenzo Servitje

Pasión
"Vemos nuestro trabajo como una misión, una pasión, una aventura. El compartir esto en un ambiente de participación y confianza es lo que constituye el alma de la empresa". Don Lorenzo Servitje

Rentabilidad
"Es el resultado visible de todas nuestras ideas, esfuerzos e ilusiones. Es el oxígeno que permite a nuestra empresa seguir viviendo". Daniel Servitje

Efectividad
"Lograr que las cosas sucedan: Resultados. Servir bien es nuestra razón de ser". Don Roberto Servitje

Trabajo en equipo
"Ágiles, activos, entusiastas, con los tenis puestos. Compartir, aprender de todos". Daniel Servitje

Confianza
"Base sobre la que se construye todo. Contar con el otro para la tarea común". Daniel Servitje

Calidad
"Nuestra empresa debe ser creadora, eficiente, productiva y con un altísimo ideal de Calidad y Servicio". Don Roberto Servitje


UN APOYO PARA ESTA GRAN EMPRESA GLOBAL MEXICANA

Tal vez Grupo BIMBO no necesita ningún apoyo; sin embargo, no podemos quedarnos callados cuando personas sin escrúpulos dañan con sus mentiras a un patrimonio de nuestra nación.

Suena exagerado decir patrimonio, pero lo es. El que un grupo de mexicanos formado no sólo por quienes dirigen la empresa, sino también por quienes colaboran en ella –porque BIMBO no sólo es de sus fundadores sino también de quienes colaboran, ya que la justa distribución de sus utilidades derrama a todos los niveles de forma equitativa–, haya logrado ser una de las más importantes empresas panificadoras del mundo, es un gran orgullo que nos debe hacer pensar que los mexicanos sí podemos.

Y los que trabajan para este Grupo en cualquier parte del mundo, lo deben ratificar y se deben sentir orgullosos de trabajar en una empresa social que ha beneficiado a millones de personas.
Por esto, frente a los descalificativos que ha recibido su Presidente Honorario Don Lorenzo Servitje –hombre cabal, de palabra, muy claro y muy, muy humano, y de alguna forma, el Grupo BIMBO–, no tenemos más que apoyarlos, agradecerles su espíritu empresarial y ejemplo social.

Qué bueno que existan empresarios que conocen a las personas, que conocen los problemas de los más necesitados, y que no sólo se han quedado en palabras, han hecho mucho por la educación, la ecología, por crear una verdadera conciencia social.

Por lo mismo, podemos sostener… millones estamos con BIMBO y con su Presidente Honorario, Don Lorenzo Servitje.