sábado, 7 de marzo de 2009

Meditación y Reflexión

De la filosofía de Querien Vangal



«Pretender que Dios es causa de nuestros males y sufrimientos, para producir en consecuencia, un supuesto “bien mayor”, es una contradicción lógica y teológica para los cristianos. Lógica, porque el mal sólo engendra el mal (y jamás ha sido “cura”, “remedio” o “bien” de algo); Contradicción teológica, porque Dios es Amor, la esencia del bien, de la paz y la felicidad. De este modo, es absurdo pretender que se puede obtener el Amor actuando contra el Amor; que se puede obtener el bien practicando el mal; que se puede obtener la paz por medio de hacer la guerra; o la felicidad causando infelicidad a otros.»

La hermana Soledad

por: Enrique Galván-Duque Tamborrel


Tienes nombre de hermana mayor, la que trajina, siempre
dulce, en la casa.
La que toma al niño y lo duerme en sus brazos
como a un lindo muñeco de juegos infantiles.
Nombre de hermana. Siempre con el halda esperando
al hermano pequeño que te llama y llora.

Te vistes de silencio
para el dulce reposo del hermano dormido.
El hermano que fue llorando a tu regazo.
Si despierta, floreces de palabras menudas
que no turben el agua que tiemble internamente.

¡Ay, qué silencio el tuyo tan humano y tan bueno!
Curas la herida, y nunca reprochas al herido.
Pide a Dios que a este niño que tienes en tus brazos
Se le vaya puliendo el alma de este modo.

Soledad, tienes el alma de jardín y de estanque.
En tus aguas se puede zambullir con delicia
el alma atribulada.
Y perderse soñando
entre las rosas múltiples de tus cien avenidas.
Y volver siempre intacta.

Te conocí una tarde y te tenía miedo.
Me escondía asustado como una criatura
que ampara su vergüenza en la falda materna.
Ni siquiera veía tu sonrisa serena.

Recuerdo que me diste, como una golosina,
estas palabras: Niño,
soy tu hermana; seremos los dos inseparables.
No te quise creer, y solo deseaba
que te marcharas pronto para poder gritar,
y saber que no estaba solo, y que estabas lejos...

Hoy, Hermana, sonríes recordando estas cosas.
Y no me dices nada.
Yo sé que estoy contigo.
Y no me dices nada.
Y no te lo pregunto.
Y tú no me lo dices.

Tú quieres que me interne por estas galerías
por donde voy sumiso.
Huele a bosque, a silencio; y algo también a yo...
Y a medida que avanza, voy conociendo a todos.
¡Y es que ellos se me van descubriendo a los ojos!
¡Son hermanos! ¡En dónde me aguardabais gozosos...!

Suena la risa clara, discretamente dulce
de la Hermana Sapiente.
Y me va presentando a los hermanos seres
y me olvido de todo como en un nuevo mundo.

Y alguna vez me acuerdo
que un día lejano fui un hombre con orgullo.

Hermanita Mayor, Hermanita Sapiente,
Hermana Soledad,
¡qué cosas me enseñaste!



Para mi hija Elsa, recordándola siempre con amor.
Rogando a Dios que le dé fortalezapara que guíe a mi nieta con amor.

septiembre / 2003




A Mis hijas Ivonne y Angelica


Adoradas hijas:

“A veces un hombre perverso es esposo y padre amante, y en la atmósfera contaminada de maldad, el amor paternal se conserva puro, como una flor que crece en un muladar”. Carmen del Arenal


Flores hermanas, como yo despiertas
en tranquila alborada
de existencia feliz: hijas que inciertas
avanzando con planta inmaculada
del templo del saber tocáis las puertas.
Yo con vosotras, por ventura unida,
bendiciendo mi aurora
feliz piso el umbral de ignota vida
porque aquí vuestra querida hacedora
es mi estrella polar, mi noble égida…
Yo, igual que vosotras, pago su desvelo
y sus conceptos sabios
con ternura filial, que sólo anhelo
oír brotar de sus amantes labios
palabras de virtud, hijas del cielo.
En vosotras también, hijas, miro
un dechado precioso
que siempre dócil a imitar aspiro
por eso, hijas, con sincero gozo
vuestra virtud y aplicación admiro.
La virtud y el saber sean vuestro anhelo,
y sin penas odiosas
pasan vuestra vida en este suelo,
como pasa la brisa entre las rosas
para elevarse hasta el tendal del cielo.

Enrique Galván-Duque Tamborrel


domingo, 1 de marzo de 2009

Tema tabú

Por: Querien D. Vangal T.

Hacemos proselitismo de todo lo que nos gusta, nuestro médico, nuestro equipo de fútbol... pero no de nuestra fe. Pero no se trata de convencer con puras palabras y además huecas. No, se trata de actuar siempre apegados a lo que nos dicta nuestra fe, o sea predicar con el ejemplo.

Los partidos políticos se mueven sin descanso para incrementar su militancia y captar votos. Los directivos de un club de fútbol cantan las excelencias de su afición y buscan más socios y jugadores. Todas las ONG tratan de arrastrar voluntarios o colaboradores.
El vendedor de televisores o de coches expone las maravillas de su marca frente al producto de la competencia. La cocinera que ha creado un plato lo postula en las conversaciones al igual que el ciudadano ilusionado por su tierra explica sus bellezas.
El profesional de la ingeniería vibra de emoción con los descubrimientos técnicos o el cinéfilo con los films.
El enamorado cuenta extasiado las virtudes de su novia o esposa. Y quien ha conseguido una ganga en unas rebajas lo comunica a familiares y amigos para que puedan aprovecharla; al igual que la señora cuyos pies la torturaban da a conocer a sus amigas que encontró un excelente médico que acabó de forma indolora con sus juanetes.
Caben mil ejemplos similares. Y es que absolutamente todos hacemos nuestro “apostolado”. Que no es otra cosa que comunicar a otros aquello de lo que estamos convencidos, que nos entusiasma, que nos satisface, que nos alegra, o que consideramos bueno.
No sólo lo difundimos sino que incluso hacemos proselitismo de ello, que tampoco es distinto a querer que los demás aprovechen lo que consideramos muy bueno para nosotros y estamos convencidos que lo será también para ellos.
Nos parece perfectamente normal dar a otros el teléfono del médico que nos ha curado, aconsejar la novela con la que disfrutamos, el restaurante con buena relación calidad-precio, proponer que voten a determinado partido porque resolverá mejor determinado asunto o incitar a otros a defender con vehemencia la camiseta de nuestro equipo.
Aceptamos con absoluta normalidad el “apostolado”, el “proselitismo”, en todos los asuntos de la vida pero resulta que, a menudo, lo que no comunicamos, lo que no estamos dispuestos a defender, aquello por lo que no movemos un dedo para atraer a otros es nuestra fe, lo que es la base de nuestra vida, la fuente básica de nuestra felicidad. Aunque, al menos en teoría, lo consideramos infinitamente más importante que lo demás.
Todos los cristianos tenemos vocación apostólica, que no es exclusiva de sacerdotes y religiosos.
Sin embargo, nos falta a menudo vibración, como si no estuviéramos convencidos de que si atraemos a otros a Cristo van a ser más felices aquí, y luego en el Cielo.
En algunos ámbitos de la sociedad se ha difundido y además prevalece un elemento adicional: la renuncia explícita a atraer a otros hacia el Cristianismo. Esto en si esta bien en tanto sea por respeto a personas con otra fe, a la que tiene todo el derecho de observar y respetar, pero lamentablemente esta práctica es en relación con otras personas que, aunque supuestamente de de la misma fe cristiana, están lejos de observar los principios cristianos.
Se argumenta que hay que respetar la religión de los demás, que si nosotros hubiésemos nacido en tal o cual país tendríamos tal otra religión, que si uno es buena persona tanto da, que nadie tiene la verdad, que no hay que ser intransigentes sino abiertos, y tantas cosas más.
Es incuestionable que hay que respetar la religión de los demás, tratarles con cariño, colaborar con ellos en muchas cosas, dialogar, que no cabe emplear violencia ni engaño, que si el otro actúa de buena fe con su religión podrá salvarse..., pero esto no significa que todas las religiones sean iguales. Son iguales en tanto busquen el amor y respeto a todo ser viviente y a todo ser humano como igual. No puede ser igual una ideología, que no fe, que lleve al ser humano al genocidio. Matarse unos a otros en el nombre de Dios es una absoluta y garrafal aberración.
Es una trampa fácil en nuestra sociedad relativista, de pensamiento débil, en la que muchos creen que no hay Verdad, sino como mucho “verdades”, cada uno la suya, sin que sea mejor una que otra.
Tal concepción no es un matiz sino algo de más enjundia de lo que a primera vista parece. Hay quien cree que aceptar que todas las religiones son iguales y que tanto da una como otra significa, y no se trata de eso, cada quien tiene fe en su fe –valga la redundancia—y es lógico que así sea, pero eso no es argumento para descalificar a las otras. Los cristianos creemos lógicamente, y porque ese es el fundamento de nuestra fe, que Jesucristo vino para salvar a los hombres. Sus contemporáneos ya tenían sus religiones, los que no la cambiaron fue simple y sencillamente porque tenían fe en su fe, y eso no es motivo de anatematizarlos.
Y afirmar que no hay que hacer apostolado, proselitismo, es, por ejemplo, echar en cara a los misioneros de hoy y de todos los tiempos que su vida y su entrega es absolutamente inútil porque el Cristianismo que ellos llevan no es ni mejor ni peor que la religión que tienen los pueblos a los que van. Esta tesis es insistir en rebajar el tema a la simple posición de tratar de demostrar que mi fe es mejor que la tuya, que lo que pregona es la verdad neta y la que pregona la tuya son falacias. No, esto no puede ni debe ser, porque entonces significa caer en imposiciones “A fortiori”, el apostolado debe ser para trasmitir a nuestros semejantes el amor que Jesucristo predicó con el ejemplo, y hacer de nuestra vida realmente un ejemplo de lo que El nos enseñó.
Es lamentable --contrario a lo que Jesucristo predicó con su ejemplo y que es el fundamento de nuestra fe-- que juremos ser cristianos y hagamos de nuestras vidas precisamente lo contrario. Para no ir más lejos, precisamente en nuestra amada patria, el 95% de los mexicanos –según el INEGI-- se dicen cristianos, y cabe la pregunta ¿cuántos de ese 95% realmente practican las enseñanzas de Jesucristo? Si tan sólo la mitad de ese 95% realmente apegaran absolutamente sus vidas a lo que Jesucristo nos enseñó, México sería otro cantar.

En todos los planos de la vida los únicos que no son proselitistas son los acomplejados, los abúlicos, los depresivos. Los que hacen de sus vidas precisamente lo contrario a lo que deben hacer, que es apegarse a lo que Jesucristo predicó con su ejemplo. Unas enfermedades que parece han hecho mella en bastantes cristianos supuestamente convencidos. Un cristiano que no es proselitista, muestra que no vibra por su fe. El proselitismo, respetuoso ciertamente, es lo más natural, perfectamente ecológico.

¿Quien tiene la culpa?

Por: Quevir Roquedal

Sabemos que la televisión forma parte de la vida de una gran cantidad de personas en el mundo. La TV entra en las casas --hasta la cocina y el baño-- de casi todas las familias y forma parte de las mismas.
La televisión, al igual que el resto de los medios masivos, cumple cuatro funciones fundamentales: Informar, educar, entretener y (la más importante en este caso) vender.
Este artefacto tan conocido y vendido es causante de dos de los problemas más graves que acontecen a la sociedad actual, la violencia y la discriminación.
Las función principal de la televisión (informar) se ha alterado mucho en los últimos tiempos. Esto provocó un giro e hizo que la televisión dejase de informar, entretener y educar simplemente para, también, vender constantemente.
¿Qué se vende? Además de servicios y productos, se venden imágenes y aspectos de la vida que no son reales. Las personas que miran diariamente la televisión, ya no distinguen entre lo que es real, y lo que no lo es. Esta alteración o problema, recae sobretodo en la adolescencia.
Cuando miramos TV buscamos aquellos programas que son de nuestro interés personal, aquellos programas que nos entretienen y nos muestran lo que queremos ver, por ese motivo es que cada persona tiene ciertos horarios para mirar la televisión.
Pero al mirarla, no solo nos encontramos con cosas que nos gustan, también tenemos que ver, por momentos, cosas que no nos gustan o que, simplemente, no llaman nuestra atención (publicidades, propagandas, etc.) esto hace que, para evitar estas situaciones, recurramos al muy famoso "zapping".
Al recurrir a él, nos encontramos frente a productos comerciales que llaman nuestra atención, como por ejemplo, canales en los que constantemente se muestran a mujeres "lindas", "flacas", "con muy lindo cuerpo", posando y mostrando diferentes tipos de ropa.
Aquí voy a plantear dos aspectos muy importantes de la vida en los cuales influye la televisión: Violencia y Discriminación.
1. Televisión
La Televisión presenta estímulos audiovisuales.
Ella se impone sobre los otros medios de comunicación por entrar en el hogar de una manera extremadamente Fácil, en la vida diaria y llegar a formar parte de hábitos de cualquier niño.Es indudable, que la TV es una fuente efectiva para la creación y formación de actitudes en los chicos, ya que desde temprana edad, son sometidos a su influencia sin obtener otro tipo de información.
A través de este proceso el niño adquiere habilidades y formas de comportarse en la sociedad. Es a partir de los 4 a 5 años de edad, que se establecen los hábitos permanentes y las características emocionales, jugando un papel decisivo la imitación y la identificación.Entendemos por identificación la adopción de pautas de conducta y actitudes de sus padres y otras personas significativas para él: maestros, familiares o bien algún personaje de la TV; esto ocurre en forma inconsciente. En tanto que la imitación es consciente.
1. Efectos de la TV en la sociedad
Los medios en general se usan con un fin específico, la audiencia selecciona el medio y los contenidos según sus necesidades, hay quienes prefieren informarse y otros ven series porque les gusta identificarse con la realidad en ellas representada. Así, los hombres de clase social alta suelen ver programas de actualidad, informativos, deportes y concursos; mientras que las mujeres con un nivel de educación bajo, de una clase social inferior y que no trabajan, ven más televisión que los anteriores y ven series, películas y programas infantiles. La tercera edad ve todo tipo de programas, y junto con las personas de menor nivel intelectual, son los que más tiempo ven la televisión, porque es su forma de entretenimiento y es su medio preferido de ocio. Gran parte de los adultos utilizan la televisión a falta de compañía para no sentirse tan solos.
Los medios realizan operaciones como: mostrar las políticas de los gobiernos, muestra las características de las personas de clase social o raza que nos son distantes o ajenos y datos sobre aspectos de la realidad a los que no se puede acceder fácilmente.
La televisión tiene una serie de características que la otorgan un alto grado de influencia, entre las que cabe reseñar las siguientes.
La televisión tiene una gran fuerza expresiva, porque se basa en la imagen y esto es muy eficaz para interiorizar los mensajes ya que se meten directamente en el subconsciente. Son imágenes con color, música, presentan la realidad con movimiento, "viva". En los años setenta surgió la televisión en color y aumentaron las ventas de aparatos televisivos, y este incremento de la demanda favoreció la producción en cadena, acercando los aparatos a esos sectores de la sociedad para los que antes hubiera sido imposible el acceso a los mismos.
La televisión se va acoplando a la vida familiar, llegando a ser un elemento cotidiano y necesario, y así cuando, por ejemplo, en una comida la televisión está estropeada hay cierta incomodidad entre los comensales, que no tienen más remedio que mirar al plato de comida para evitar las miradas de los demás.
Las telenovelas tienen una fuerte carga moral, imponen valores de amor eterno, recompensa de la virtud y castigo del pecado, son como una guía para el público, les dice lo que se debe hacer y lo que no y esto les da seguridad a la hora de afrontar los problemas porque tienen un modelo a seguir.
1.2 Mitos y verdades de los efectos de la TV en los niños.
Según investigaciones sociológicas la influencia de los medios masivos de comunicación en las personas y las personalidades son:
-A corto plazo: Tienen un poder de influencia o persuasión
- En el largo plazo: producen efectos cognitivos
Los medios participan en el proceso de construcción de imágenes de la realidad acarreando efectos acumulativos de significación Así mismo la cultura de la imagen afecta a la constitución subjetiva ya que el niño educado en el video no crece desarrollando sus potencialidades simbólicas, de ser pensante. Esto es así porque:
-El lenguaje hecho de palabras es el instrumento del pensar, comunicar y conocer
-La traducción de algunos conceptos a imágenes es insuficiente, por ejemplo: democracia
-La cultura audiovisual invierte la evolución de lo sensible a lo inteligible, promoviendo reduccionismos que dificultan la comprensión de abstracciones y de conceptos, va atrofiando la capacidad de abstracción.

2.- Violencia
1. Concepto e introducción a la violencia.
La violencia está definida como algo que se hace o sucede con brusquedad.
En muchos casos la violencia es de tipo doméstica, es decir, de un padre a un hijo, entre hermanos, de una madre a un hijo, o entre la mujer y el hombre. Esto está mayormente relacionado con el tema de la educación. Depende de la educación de una persona, lo que ella resulte en el futuro o lo que pueda transmitirle a quienes la rodean.
2. Violencia en la adolescencia.
La violencia social, real, local e internacional que reflejan los noticieros generan en los chicos mucha más angustia que la que pueda transmitir una serie televisiva. Esto es porque cuando el receptor mira una serie sabe que se trata de una ficción, pero cuando se enfrenta a un noticiero o cuando lee un diario, sabe que se trata de imágenes reales. ¿Habría que prohibir a los chicos mirar noticieros o leer diarios y revistas? La solución no es la prohibición.
Los discursos condenatorios hacia los medios como principales responsables de la violencia están siendo cuestionados en todo el mundo. En primer lugar, porque la condena a la televisión por la violencia de sus programas ignora a la sociedad en la que estas emisiones circulan. En segundo lugar, porque decir que los chicos que ven programas violentos son violentos es pensar en un receptor pasivo que absorbe lo que ve, lee y escucha tal cual fue emitido.
Nada mejor para los chicos que mirar la televisión, el cine o un diario en compañía de los adultos.
Porque ésta es la mejor oportunidad que tienen de poner en palabras, debatir y explorar lo que sienten y, sobre todo, lo que no alcanzan a entender, con sus docentes, padres o hermanos mayores. Frente al uso solitario e individual de los medios que experimentan cada vez más los adolescentes, ver juntos es ciertamente la única respuesta. Mejor que prohibir ver, es permitir pensar.
Un adolescente no es violento por la música que escucha o los programas de TV que mira, sino porque hay algo en su crecimiento que no funcionó adecuadamente.
Si tuviéramos que valernos de la siguiente afirmación: "Los medios tienen la culpa de la violencia en la adolescencia". También tendríamos que tener en cuenta que ningún adolescente estaría vivo.
Es cierto que mucha de la información que los medios ofrecen (en especial la TV) tiene al menos, un pequeño contenido de violencia, y también es cierto que los adolescentes absorbemos ese contenido, pero no por eso, salimos a matar a nadie ni a pegarle a cualquiera. Por eso hay que aclarar que la TV no es culpable 100% de todo lo que ocurre en la sociedad.
3. Factores que influyen en la violencia.
A pesar de que la televisión es, en parte, culpable de la violencia que muchas veces nace entre los adolescentes, hay que marcar a un personaje muy importante que es más importante que la TV y que provoca mucha más violencia que la misma, la discriminación.
La TV muestra películas violentas, noticieros, dibujos animados, etc. Pero en todos estos géneros, nos muestran violencia y, además de ella, nos enseñan a marcar diferencias con otras personas del mundo que son tan reales como nosotros.
La TV nos muestra continuamente películas en las que los negros son feamente diferenciados de la población blanca; los dibujitos nos muestran como los negros no deberían formar parte de la sociedad; también nos muestran como las diferentes razas y religiones son humilladas sin justificación; etc.
Esto es lo que causa en las personas discriminadas un fuerte brote de violencia.
3.- Discriminación.
1. Concepto e introducción a la discriminación.
Situación en la que una persona o grupo es tratada de forma desfavorable a causa de prejuicios, generalmente por pertenecer a una categoría social distinta. Los motivos más comunes de discriminación son: la raza, la orientación sexual, la religión, el rango socioeconómico, la edad y la discapacidad.
La mayor parte de los países practican la discriminación contra extranjeros y otras minorías dentro de sus fronteras.
Esta discriminación puede ser por razones de religión (como la existente entre protestantes y católicos o entre musulmanes y judíos), por razones de raza (como la política de apartheid que se practicó en Sudáfrica entre 1948 y 1992), por razones de sexo (como ocurre en muchos países donde las mujeres tienen derechos muy limitados) o por el estado físico de una persona (alguna malformación de su rostro, gordura, etc.).
3. Discriminación en la sociedad.
Las personas, muchas veces, cometen actos de discriminación (consientes o inconscientes) en los cuales involucran a gente de otro color de piel, otra religión, distinta orientación sexual, o en muchos casos, la obesidad.
Esto produce una angustia en la persona discriminada.
En muchos casos, las personas obesas se sienten marginadas de la sociedad por la discriminación que la gente comete sobre ellas. Además, en las tiendas de ropa (o su gran mayoría) solo se venden prendas que caben en cuerpos de mujeres de no más de 65 Kg., no menos de 1 metro con 60 centímetros, o también, ropa solo para adolescentes. Esto provoca en la persona obesa una depresión y normalmente tiende a encerrarse en su casa y no salir a la calle para no sentir la diferencia que gran parte de la sociedad produce sobre ella.
Así también ocurre con gente de otro tipo de piel, normalmente se la ve, como algo que esta mal en el mundo, algo feo.
¿Por qué pasan estas cosas? Por que hay un factor muy influyente en la vida de las personas, que las lleva a ver el mundo de cierta manera, la TELEVISIÖN.
2.4. Factores que influyen en la discriminación.
La televisión nos muestra todo el tiempo a personas "lindas", "flacas", etc. Con esto no quiero decir nada, pero pareciera que nuestra sociedad esta compuesta por ellas y nada más que por ellas. ¿Por qué no colocan a una persona de sexo femenino, obesa y de piel oscura a conducir un noticiero?
La mayor parte de los canales nos muestran constantemente figuras, modelos o "estereotipos" con los cuales una persona, normalmente, se siente identificada, porque son estos modelos, los que las personas usan como "la imagen propia deseada".
Por otro lado, la escuela nos sirve como un ejemplo claro de discriminación. Tanto en la primaria, como en la secundaria, se arman subdivisiones en los cursos, estas divisiones son las que siguen las siguientes consignas:
o Status social.
o Marcas de ropa que el individuo utiliza.
o Color de piel.
o Religión.
o Disponibilidad económica.
o Facilidad para el estudio.
Y muchos otros factores que influyen tanto como estos.
No es normal, que en un curso un alumno se aísle porque si, siempre tiene que haber algo que influya en su separación del resto de los alumnos. Normalmente, el alumno se siente discriminado, o, como no es igual al resto de los compañeros, se margina solo del aula y del contacto con el resto de los cursantes.
A todo esto se le suma, que muchos profesores, también marcan la diferencia entre los diferentes grupos de alumnos, y eso también es causa de la auto marginalidad de algún chico.
Volviendo a la televisión, se puede agregar también que muchos de los programas que dan en las tardes, son los famosos programas de "chimentos" en los cuales nos enteramos solamente de las cosas que pasan en la farándula y lo que pasa en la vida de las modelos, es ahí donde las amas de casa ven su desigualdad con ellas.

Matrimonio entre homosexuales

Por: Querien D. Vangal T.

El matrimonio homosexual es una cuestión importante que necesita debatirse y lo más importante en esa discusión es el marco de referencia.
En Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles, los obispos de Estados Unidos urgían a las personas a que estudiaran los temas antes de ir a votar en las pasadas elecciones.
Un aspecto del tema es si a las personas homosexuales se les debería permitir casarse entre ellas. Pero el punto central tiene que ver con la naturaleza y los propósitos del matrimonio como una estructura social fundamental y una institución civil. Primeramente, no se trata de una cuestión de derechos civiles, o de discriminación, o de lograr la completa emancipación de las personas homosexuales, ni tampoco de dar estabilidad a un estilo de vida.
La postura cristiana no empieza con la teología sacramental, las enseñanzas morales y los pasajes de la Biblia. Empieza con lo que puede observarse en la naturaleza y el comportamiento humano y en lo que podemos deducir usando nuestra razón. Esta es la posición de la ley natural.
Según el diccionario de la Academia de la Lengua Española, la palabra matrimonio proviene del latín matrimonium, es del género masculino, y su acepción es: Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales. Basado en este argumento, se entiende que uno no necesita tener fe religiosa para ver que el matrimonio es una relación única entre un hombre y una mujer. Lo que define esta relación es el hecho de que se trata de una sociedad basada en la complementariedad sexual. Ésta hace posible la realización de los dos fines equivalentes del matrimonio: el amor mutuo entre esposos y la procreación de los hijos. Ninguna otra relación humana, sin importar cuánto amor o cariño haya ni cuán generadora sea, puede adjudicarse este propósito ni cumplirlo.
El matrimonio es pues la unión entre un hombre y una mujer. Esta verdad puede ser descubierta por la razón humana. Está escrita en la ley de la naturaleza y en el lenguaje del cuerpo y del espíritu humano. Es una verdad enaltecida desde el principio de los tiempos. La enseñanza de la Iglesia comienza con esta verdad.
Dado que el matrimonio es una estructura social fundamental basada en la naturaleza humana, ni la Iglesia ni el estado pueden cambiarla en lo fundamental. El matrimonio, y la familia que éste produce, es una sociedad que precede a todas las demás sociedades. Es una institución que no poseemos, sino que hemos recibido. Esto no significa que la Iglesia y el estado no puedan regular el matrimonio, por ejemplo poniendo límites de edad mínima, pero sí significa que no somos libres de alterar su estructura básica.
El matrimonio de un hombre y una mujer hace una contribución única a la sociedad. Es el patrón fundamental para las relaciones entre hombre y mujer. Es el modelo de la manera en que las mujeres y los hombres viven de forma interdependiente y se comprometen, para toda la vida, a buscar el bien del otro. La unión también sirve al bien de la sociedad. De ella emana la siguiente generación al proporcionar la familia las mejores condiciones para criar a los hijos, esto es, la relación amorosa y estable de un padre y una madre presente sólo en el matrimonio. Otras relaciones pueden contribuir al bien común, pero no realizan en un sentido completo lo que hace el matrimonio.
¿Debería haber matrimonio entre personas del mismo sexo? La Fe cristiana enmarca esta cuestión en términos de la naturaleza del matrimonio y de su contribución al bien común. Como resultado, las Iglesias concluyen que el matrimonio entre personas del mismo sexo es, por definición, algo imposible, una contradicción.
Algunas personas buscan localizar la cuestión dentro del marco de los derechos individuales y la justicia. La enseñanza cristiana afirma la dignidad de las personas homosexuales y pide que sean tratadas con respeto. Esto significa, entre otras cosas, que el estado puede crear leyes para proteger los derechos de estas personas y para proporcionarles beneficios sociales. Algunos ejemplos incluyen medidas para asegurar el acceso a puestos de trabajo, vivienda, cuidado médico, derecho a tener propiedad en común y la potestad de tomar decisiones médicas por la otra persona.
Existen beneficios y derechos que deben estar garantizados para cada persona. Pero el remedio para casos específicos de injusticia - falta de beneficios o de derechos- no puede ser una injusticia aún mayor, es decir, cambiar la definición del matrimonio.
El matrimonio está dirigido al servicio del bien común, no a proporcionar derechos y beneficios dentro de esa relación. No es, pues, necesario ni incluso deseable alterar una estructura social fundamental para proteger los derechos individuales y otorgar a todos los ciudadanos sus legítimos beneficios sociales.
El asunto del matrimonio entre personas del mismo sexo debe entenderse como una cuestión sobre el matrimonio tal como ha sido recibido del Creador y subsecuentemente recibido de cada generación a través de la historia. Percibirlo como una cuestión de justicia para las personas homosexuales supone ubicar la conversación en el lugar equivocado.


La crisis del 1994-95 y la actual crisis

Fuente: Yahoo noticias
3 de febrero de 2009

A mediados de la década de los noventa, México enfrentó una de las crisis económicas más virulentas por las que ha atravesado en su historia. Sin embargo, las medidas instrumentadas en el momento por las autoridades financieras permitieron contener y revertir la crisis en un plazo relativamente corto. En la actualidad, la economía mexicana enfrenta nuevos desafíos, resultado esta vez del contagio de una crisis financiera que tuvo su origen en Estados Unidos y en otras economías avanzadas. De nueva cuenta, las autoridades financieras estamos frente a la tarea de diseñar e instrumentar estrategias para mitigar su impacto sobre nuestro país.

La gestación de la crisis en México en 1994-95 México recibió flujos enormes de capital extranjero durante los años previos a la crisis de 1994-95. Esto obedeció, en parte, a las perspectivas favorables que presentaba la economía mexicana después de varios años de estabilización macroeconómica y de la implementación de importantes reformas estructurales.

Además, el proceso de liberalización financiera que se había iniciado en 1988 y un entorno internacional muy propicio, ya que en los países industriales prevalecía una situación de tasas de interés bajas, dieron un impulso adicional a la entrada de capitales. Así, de 1991 a 1993 esas entradas de capital a México alcanzaron un promedio anual de casi 8% del PIB.

Los acontecimientos descritos tuvieron un fuerte impacto sobre la economía mexicana: El tamaño del sistema financiero aumentó considerablemente.

Así, de 1988 a 1994 la relación entre M4, el agregado monetario más amplio, y el PIB, se incrementó en 20 puntos porcentuales.

Las entradas de capital coincidieron con un fortalecimiento de las finanzas públicas y una fuerte demanda de crédito. De esta manera, se produjo un muy rápido crecimiento del crédito bancario al sector privado. De 1988 a 1994, el crédito bancario al sector privado medido como proporción del PIB se cuadruplicó.

Al mismo tiempo, la expansión de la demanda impulsada por una amplia disponibilidad de financiamiento condujo a un fuerte aumento del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos. En consecuencia, para 1994 ese déficit representaba ya el 7% con respecto al PIB.

En resumen, la abundante disponibilidad de financiamiento resultó en un elevado nivel de apalancamiento, tanto de empresas, como de hogares e instituciones financieras.

Desafortunadamente, el proceso descrito estuvo acompañado del surgimiento de varios frentes de vulnerabilidad. El creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos fue uno de ellos.

Una visión muy difundida en aquella época era que el déficit externo no podría ser fuente de problemas graves cuando estaba generado por el sector privado y las finanzas públicas mostraban una situación de fortaleza.[1] Sin embargo, esta perspectiva no ponía suficiente atención en que el déficit con el exterior era financiado en lo principal con capitales de corto plazo bajo un régimen de tipo de cambio semifijo o predeterminado.

El rápido crecimiento del crédito al sector privado en ausencia de mecanismos adecuados de supervisión y regulación bancaria, dio lugar a otro frente de vulnerabilidad. Como resultado de la nacionalización bancaria de 1982, los bancos habían perdido a su personal con mayor experiencia y capacitación.

Tampoco contaban con experiencia en el otorgamiento de crédito al sector privado ya que durante la década de los ochenta la mayor parte del financiamiento bancario se había canalizado al gobierno federal. De esta manera, la amplia disponibilidad de recursos, una competencia intensa entre los bancos recién privatizados por ampliar su participación de mercado y la falta de experiencia y de controles prudenciales y de riesgos suficientes impidieron que el crédito se otorgara de manera más adecuada.

En los bancos, el esquema de incentivos operó también a manera de premiar la toma de riesgos excesivos. Los nuevos banqueros deseaban recuperar en un periodo corto su inversión sin tomar en cuenta el elevado riesgo que estaban asumiendo. [2]

Los problemas se acentuaron por la insuficiente transparencia de las estadísticas oficiales y las prácticas contables de los bancos comerciales, lo cual dificultó una evaluación objetiva de la situación. En ese entorno de vulnerabilidad, el comienzo de un ciclo alcista de las tasas de interés internacionales a partir de febrero de 1994, junto con una situación de incertidumbre política creciente, detonaron la crisis. Los inversionistas cambiaron abruptamente su percepción acerca de las perspectivas de la economía mexicana, lo que dio lugar a salidas masivas de capital. Así, la reversión repentina de los flujos de capital y una depreciación pronunciada del peso frente al dólar ocasionó una crisis profunda en el sector financiero mexicano.

Respuesta de las autoridades ante la crisis

En esa coyuntura, el reto principal para las autoridades fue evitar el colapso del sistema financiero y productivo, y restablecer la confianza de los inversionistas en el país. Debido a la naturaleza de la crisis, la respuesta de política se concentró en dos frentes. En primer lugar, se instrumentaron políticas fiscales y monetarias restrictivas y se adoptó un tipo de cambio flexible; en segundo lugar, se negoció un cuantioso paquete internacional de apoyo que permitió fortalecer la confianza en la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones financieras.

El deterioro del empleo y el alza de las tasas de interés provocaron un fuerte aumento de la cartera vencida en las instituciones de crédito y, por ende, un descenso marcado en los niveles de capitalización de la banca. En respuesta, se ejecutaron diversas medidas para apoyar tanto a los deudores como a los bancos. La finalidad fue prevenir una quiebra generalizada de las instituciones financieras.

Se adoptó a tal fin un enfoque integral, ya que se enfrentaban problemas de liquidez y solvencia con repercusiones sistémicas.

Entre las medidas que se adoptaron destacan las siguientes:

El suministro de liquidez en moneda extranjera a los bancos comerciales para impedir presiones adicionales sobre el tipo de cambio. Un acuerdo de apoyo para deudores de la banca. La compra de cartera en problemas con el fin de fortalecer el capital bancario. La activación de un programa de capitalización temporal para los bancos. Reformas legales para facilitar una recapitalización efectiva de la banca. Con ese fin se reforzaron las reglas de capitalización y se permitió una mayor participación de los inversionistas extranjeros en la banca mexicana. La intervención de varias instituciones de crédito.

Las autoridades estaban conscientes de los riesgos que implicaba la estrategia instrumentada. Sin embargo, también había conciencia de que el escenario alternativo de un posible colapso del sistema financiero y una profunda y prolongada recesión conllevaba costos mucho más elevados.

La crisis financiera en Estados Unidos

Desde principios de los años 2000, la situación macroeconómica en Estados Unidos se caracterizó por un déficit elevado en la cuenta corriente. Como proporción del PIB, ese déficit llegó a 6% en 2006. Un entorno internacional de tasas de interés reducidas y abundante liquidez permitió que dichos déficit se financiaran fácilmente con entradas masivas de capital. Lo anterior, combinado entre otros factores, con un proceso de rápida innovación financiera, alimentó una bonanza del crédito.

Las autoridades estadounidenses consideraban que el déficit en cuenta corriente no debería ser fuente de problemas, dado que el rápido crecimiento de la productividad en Estados Unidos y las elevadas utilidades de las empresas hacían de ese país un sitio muy atractivo para la inversión. Asimismo, se pensaba que la gran dimensión de los mercados de capital podría acomodar sin dificultades los llamados desequilibrios globales y que su corrección sería gradual.

Como en el caso de México, el entorno macroeconómico estuvo acompañado de una serie de vulnerabilidades.

Para comenzar, las instituciones financieras en Estados Unidos han operado en un ambiente de excesiva fragmentación en su regulación y supervisión.

La situación se complicó, además, por el hecho de que muchos inversionistas no examinaron a fondo los riesgos implícitos en los activos subyacentes de los productos estructurados en los que estaban invirtiendo. A ello contribuyó también en parte la opacidad en la información financiera y la existencia de criterios contables demasiado laxos.

Las instituciones financieras en Estados Unidos operaron sin el debido cuidado algunos aspectos vitales de sus operaciones crediticias. Sus sistemas de control de riesgos mostraron debilidades importantes y no existía transparencia suficiente respecto a su exposición a productos financieros de alto riesgo.

El llamado modelo de originar y distribuir propició una distorsión importante en los incentivos. Esto último, toda vez que mediante la bursatilización de los préstamos, sus originadores se deshacían del riesgo crediticio, por lo que no compartían las posibles pérdidas futuras. En consecuencia, la motivación principal fue generar el mayor número posible de hipotecas y de otros créditos independientemente de la capacidad de pago de los deudores. Y así, la cartera hipotecaria se deterioró. Los problemas causados por la influencia de incentivos perversos se agravaron con los esquemas de compensación ofrecidos a los ejecutivos del sector financiero, los cuales enfatizaban los resultados de corto plazo sin interiorizar los riesgos asumidos.

Los elevados niveles de apalancamiento existentes y el hecho de que existían partidas muy importantes fuera del balance de las instituciones financieras en los llamados "vehículos especiales" propiciaron una conexión estrecha entre los participantes de la industria. A la postre, este hecho ocasionó un fuerte contagio entre instituciones financieras.

Al exacerbarse los problemas con algunos activos, las instituciones empezaron a cuestionar la fortaleza de sus contrapartes y los problemas se difundieron rápidamente de un segmento relativamente delimitado del mercado a la industria en su conjunto. Las autoridades estadounidenses detectaron algunas de las vulnerabilidades que afectaban al sistema financiero. Sin embargo, no se tomaron en su momento las acciones correctivas requeridas.

Quizás ello haya obedecido, cuando menos en parte, a la creencia de que el marco de supervisión vigente, el funcionamiento de las fuerzas del mercado y la labor de las agencias calificadoras, permitirían una asignación eficiente de los recursos y márgenes adecuados de protección para el sistema financiero. También pudo haber existido una actitud de cierta complacencia por parte de las autoridades, por el hecho de que en años anteriores el sistema financiero se había ajustado sin mayores contratiempos a una serie de choques (entre ellos la crisis asiática, el estallido de la burbuja en el sector de alta tecnología y los ataques terroristas del 11 de septiembre).

El detonador de la crisis fue el desplome en los Estados Unidos de los precios de los bienes raíces. Conforme se incrementaban los incumplimientos de pagos en el mercado de las hipotecas de baja calidad (subprime), afloraron grandes dudas respecto al valor de los activos respaldados por estas hipotecas.

Al reconocerse las pérdidas que causaron, también se observaron quebrantos en otros instrumentos y las dificultades se extendieron a otros países, desencadenando los problemas que han llevado a la situación actual.

La respuesta de las autoridades estadounidenses frente a la crisis ha sido secuencial, respondiendo a los eventos conforme se fueron presentando. En una primera etapa, se consideró que el problema de las hipotecas de baja calidad afectaría solamente a un segmento de los mercados financieros y que el fenómeno no tendría consecuencias sistémicas.

No obstante, las medidas adoptadas resultaron insuficientes y la crisis cobró una fuerza y magnitud inusitadas. A partir de entonces, se han venido reforzando las políticas correspondientes. Entre las acciones adoptadas destacan aquellas orientadas a proveer de liquidez a los mercados financieros, la intervención directa de varias instituciones, programas de apoyo para capitalizar instituciones financieras, el fortalecimiento de los esquemas de garantía para los depósitos bancarios, acuerdos de intercambio de monedas (swap lines) para aliviar los problemas de financiamiento en dólares en otros países y reducciones coordinadas de tasas de interés por parte de los bancos centrales.
Del breve recuento anterior, se pueden destacar varias similitudes entre la crisis de México de 1994-95 y la crisis actual en los Estados Unidos:

Cuantiosas entradas de capital extranjero propiciadas por un ambiente de tasas de interés internacionales bajas y la búsqueda de un mayor rendimiento por parte de los inversionistas. Amplia disponibilidad de recursos que propició un crecimiento desmedido del crédito en un contexto de deficiencias en las prácticas bancarias. Serias deficiencias en los esquemas de supervisión y regulación bancaria. Problemas de opacidad en la información. Incentivos que favorecieron la toma de riesgos excesivos por parte de las instituciones financieras. Crisis financieras caracterizadas por problemas de liquidez y de solvencia de naturaleza sistémica. Intervención directa de las autoridades en varias instituciones financieras. Un entorno político complicado para implementar las medidas requeridas para apoyar al sistema financiero.

En México, los resultados de los esfuerzos para contener a la crisis bancaria de principios de la década de los noventa son prueba del éxito de la estrategia seguida. Sin embargo, los costos fueron elevados, tanto en términos de la caída en el PIB en 1995 y sus consecuencias sobre el empleo y el ingreso de los trabajadores, como en cuanto al monto de recursos fiscales que se tuvieron que comprometer.

Además, durante varios años el sistema bancario no estuvo en posibilidad de apoyar a la actividad económica con montos adecuados de financiamiento.

De hecho, el crédito bancario al sector privado medido como proporción del PIB se ubica en la actualidad por debajo de los niveles registrados en 1994. [3] Asimismo, la intermediación financiera medida mediante la participación del agregado M4 sobre el PIB, también cayó fuertemente.

El impacto de la crisis financiera de Estados Unidos sobre la economía real de ese país, y el costo fiscal de las medidas implementadas para hacerle frente son aún inciertos. Sin embargo, es de esperarse que sean considerables. La economía estadounidense enfrenta la perspectiva de una recesión profunda y de un periodo prolongado de ajuste en el sector financiero, el cual puede venir acompañado de una menor disponibilidad de financiamiento, estándares más estrictos para el otorgamiento de crédito y una reducción de la intermediación financiera. Así, la crisis podría obstaculizar el logro en ese país de tasas de crecimiento económico adecuadas durante varios años.

Aunque se aprecian muchas similitudes entre la crisis mexicana de mediados de los noventa y la actual en Estados Unidos, también se observan diferencias de consideración. Una de las más importantes reside en que mientras la crisis mexicana no tuvo un efecto de contagio significativo sobre el resto del mundo, la crisis en Estados Unidos está teniendo repercusiones severas sobre la economía mundial. Esto se debe a la magnitud de los desequilibrios fiscal y externo de ese país. La dimensión global de la crisis actual no tiene precedente.

Cabe señalar al respecto a manera de ejemplo que las expectativas de crecimiento económico mundial para 2009 se han ajustado a la baja fuertemente, y que el Fondo Monetario Internacional proyecta que en ese año las economías avanzadas registrarán una contracción por primera vez en el periodo de la posguerra.

Impacto de la crisis en México y otras economías emergentes

En sus etapas iniciales, la turbulencia financiera internacional no afectó en medida importante a las economías emergentes.

Ello se debió fundamentalmente a la baja exposición de sus instituciones financieras a los activos relacionados con el mercado de las hipotecas de baja calidad (subprime) y a otros productos tóxicos. Además, los fundamentos macroeconómicos son mucho más sólidos que durante etapas anteriores de turbulencia. Sin embargo, la situación se modificó de manera radical a partir de la segunda quincena de septiembre.

La quiebra de Lehman Brothers, ocurrida a mediados de ese mes, representó un punto de inflexión, al propiciar el episodio más álgido de pérdida generalizada de confianza en lo que va de la crisis.

Las repercusiones sobre las economías emergentes fueron considerables. Antes, de principios de enero a mediados de septiembre de 2008, el índice EMBI global había aumentado 93 puntos base. En cambio, después de la quiebra de Lehman y hasta el 2 de diciembre, el aumento fue de 432 puntos base.

El contagio de la crisis financiera de las economías avanzadas a las emergentes ha operado a través de dos canales, uno real y otro financiero.

Por el lado real de la economía, el debilitamiento de la actividad económica mundial se ha reflejado en una menor expansión de las exportaciones y en caídas de las remesas familiares. Además, los términos de intercambio de las economías exportadoras de productos primarios se han deteriorado y se ha debilitado la confianza de los inversionistas y consumidores.

En el caso de México, cabe señalar, por ejemplo, que la tasa de crecimiento anual de las exportaciones de manufacturas disminuyó de 10% en octubre de 2007 a 3% en el mismo mes de este año. Las cifras correspondientes para las exportaciones de petróleo, afectadas por el desplome de los precios y del volumen exportado, son respectivamente de 30 y 8%. Por su parte, los ingresos por remesas de trabajadores en el exterior se redujeron en cerca de 2% a tasa anual en el periodo enero-octubre de 2008. Así, el deterioro de la actividad económica mundial y, específicamente, de la estadounidense, propició una disminución considerable en el crecimiento del PIB en el tercer trimestre del año. Además, las proyecciones relativas a la expansión de la actividad económica en el resto de 2008 y en 2009 se han ajustado a la baja de manera importante. Ello explica, en buena medida, la depreciación inicial del tipo de cambio.

Por el lado financiero, la transmisión ha operado principalmente a través de vías indirectas. El incremento sustancial en la percepción de riesgo global ha propiciado la liquidación de posiciones cuantiosas por parte de inversionistas extranjeros en los mercados accionarios y de deuda. Esas conductas han inducido depreciaciones bruscas de los tipos de cambio, desplomes de los mercados accionarios y un incremento de los diferenciales de riesgo en las emisiones de bonos. Las dificultades se han agravado por la demanda de divisas por parte de algunas empresas que habían participado en operaciones con productos derivados. Estos factores dieron lugar a una depreciación adicional considerable del peso mexicano y de otras divisas de economías emergentes.

En consecuencia, la volatilidad del tipo de cambio nominal se incrementó durante octubre a niveles no vistos desde hacía más de una década.

En los países con una participación extranjera importante en el sistema bancario, las necesidades de capital por parte de sus matrices en el exterior se han reflejado en un encarecimiento notable de los créditos otorgados por las filiales.

Adicionalmente, la crisis financiera global ha resultado en una menor disponibilidad y mayor costo del financiamiento en los mercados internacionales, tanto para el gobierno como para bancos y empresas. Así, los diferenciales de riesgo para la emisión de bonos soberanos de México, medidos a través del índice EMBI Global, aumentaron 293 puntos base del 12 de septiembre al 2 de diciembre. En el caso del sector privado, las empresas no financieras son las que han resentido los mayores incrementos en los costos de emisión de deuda. Cabe destacar, sin embargo, que si bien el contagio a las economías emergentes ha sido generalizado, los problemas han sido más acentuados en aquellos países con fundamentos económicos menos sólidos.

Los mercados financieros internos también se han visto afectados por la etapa de turbulencia. El incremento de la aversión al riesgo ha dado lugar a una mayor demanda de bonos gubernamentales de corto plazo y a la venta de bonos de largo plazo, lo que ha propiciado un empinamiento de la curva de rendimientos (revertido recientemente).

Por otra parte, si bien hasta la fecha los bancos en México han cubierto sus necesidades de liquidez mediante el mercado interbancario y las facilidades de liquidez tradicionales del Banco de México, como se verá más adelante, éste ha abierto una nueva facilidad de liquidez para contar con un mecanismo adicional de respuesta. Con respecto a los mercados de deuda del sector privado, el entorno de una percepción de mayor riesgo ha tenido dos consecuencias: un incremento en la participación relativa de los valores de corto plazo en el total emitido y mayores costos en las colocaciones de deuda interna, tanto para el sector financiero no bancario como para las empresas financieras.
La crisis financiera internacional ha agudizado la tendencia a la baja, que ya se venía observando desde meses previos, del crédito de la banca comercial al sector privado. Es previsible que dicha tendencia se acentúe durante los próximos meses debido, entre otros factores, a los efectos de la crisis internacional sobre la disponibilidad y costo del crédito bancario interno, y a la percepción de un mayor nivel de riesgo asociado al crédito bancario. Es de esperase que en los próximos meses la perspectiva de condiciones crediticias más astringentes para el sector privado incida negativamente sobre la actividad económica.

Acciones implementadas en México

Los problemas que enfrenta en la actualidad la economía mexicana son muy diferentes de aquellos que la afectaron a mediados de los noventa.

Las dificultades recientes tienen su origen en el exterior, no en México; el marco macroeconómico se caracteriza por un déficit reducido de la cuenta corriente de la balanza de pagos, un tipo de cambio flexible, bajos niveles de endeudamiento público y privado, elevadas reservas internacionales y confianza en las políticas monetaria y fiscal. Por su parte, el sistema financiero se encuentra en una posición sólida y sujeto a esquemas adecuados de regulación y supervisión. No existen cuestionamientos sobre la transparencia y solidez de las estadísticas proporcionadas por el sector público.

Todo lo anterior ha permitido hacer frente a la crisis financiera internacional desde una posición de mayor fortaleza.

La mayoría de las acciones han estado dirigidas a preservar el buen funcionamiento de los mercados financieros.

Así, ante el fuerte incremento de la volatilidad en el mercado cambiario, durante octubre, la Comisión de Cambios adoptó varias medidas orientadas a aminorar la volatilidad y, gradualmente, restablecer un funcionamiento ordenado en ese mercado.

Por un lado, se puso nuevamente en marcha la subasta diaria de dólares a un tipo de cambio mínimo 2% superior a la cotización del día hábil inmediato anterior. La finalidad fue reducir la volatilidad en dicho mercado. El monto diario máximo a subastar se fijó en 400 millones de dólares. Hasta el 15 de diciembre, el total subastado a través de este mecanismo había sido de 4,132 millones de dólares.

Por otro lado, se llevaron a cabo subastas extraordinarias por 11,000 millones de dólares. El objetivo fue atender necesidades vinculadas con las operaciones con derivados y restablecer un funcionamiento ordenado en el mercado cambiario.

Hasta principios de diciembre, el total de divisas subastado se ubicó en 15,132 millones de dólares. No obstante las intervenciones realizadas en el mercado cambiario, al 11 de diciembre de 2008 las reservas internacionales del país sumaban 84.6 miles de millones de dólares, nivel por encima del observado a principios del año.

Las autoridades mexicanas también han tomado acciones orientadas a asegurar niveles adecuados de liquidez, como una medida preventiva para promover un buen funcionamiento de los mercados financieros y de los sistemas de pagos. En particular, como se mencionó con anterioridad, el Banco de México abrió una ventanilla adicional de liquidez para los bancos comerciales. Este mecanismo les permite tener financiamiento hasta por el monto que requieran en forma automática, siempre y cuando cada operación se encuentre respaldada por activos elegibles.

Asimismo, el 29 de octubre se anunció el acuerdo de la Reserva Federal, el Banco Central de Brasil, el Banco de México y la Autoridad Monetaria de Singapur, para establecer líneas de intercambio recíproco de monedas (swaps) a fin de asegurar condiciones adecuadas de liquidez en dólares. Este mecanismo le permite a México tener acceso a 30,000 millones de dólares de la Reserva Federal en caso de que lo requieran las condiciones de liquidez.
Otras acciones adoptadas por las autoridades mexicanas para enfrentar la crisis incluyen apoyos para el refinanciamiento de papel comercial, una menor emisión de instrumentos de largo plazo por el gobierno federal, la recompra por parte del Banco de México de instrumentos emitidos por el Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (IPAB), un mecanismo de intercambio (swaps) de tasas de interés a través del Banco de México, el aumento del financiamiento del gobierno federal con organismos financieros multilaterales y la creación de una facilidad temporal para proveer de liquidez a las Sociedades de Inversión. Asimismo, se instrumentó un programa de recompra de bonos de largo plazo por parte de la Secretaría de Hacienda.
Además, con el fin de aliviar los efectos de la crisis sobre la planta productiva, el gobierno federal puso en marcha un programa para impulsar el crecimiento y el empleo. Si bien la incertidumbre no se ha disipado, el anterior conjunto de medidas ha permitido atenuar de manera importante el contagio de la crisis financiera internacional. Asimismo, se prevé que la continuidad de las políticas orientadas a mantener la estabilidad macroeconómica, así como la adopción de medidas para preservar la estabilidad del sistema financiero, permitirán superar las dificultades en un horizonte razonable.

Acciones por tomar

Han sido muchas las medidas que se han instrumentado para enfrentar la crisis financiera internacional. Además de las que se han puesto en marcha en Estados Unidos, las autoridades de varios países europeos y de otras regiones también han implementado acciones para enfrentar la crisis.

En general, éstas se han orientado a fortalecer la confianza del público en la capacidad de las instituciones financieras para cumplir con sus obligaciones y evitar que surjan problemas de liquidez y de solvencia.

Durante un periodo prolongado, las reacciones de política se basaron en respuestas individuales por parte de los países. Sin embargo, el deterioro de los mercados financieros hizo evidente que un enfoque caso por caso sería insuficiente para superar la crisis. De esta forma, las autoridades europeas y estadounidenses han anunciado diversas políticas orientadas a presentar una respuesta coordinada. En una primera etapa, estas medidas se orientaron a inducir una reducción conjunta de las tasas de los bancos centrales de varias economías avanzadas.4 Posteriormente, ante la necesidad de un enfoque integral, varios países europeos y Estados Unidos implementaron esfuerzos coordinados para asegurar niveles adecuados de liquidez en dólares, inyectar capital a sus bancos, incrementar la cobertura del seguro a los depósitos bancarios y garantizar deuda bancaria recién emitida. En una tercera etapa, tomando en cuenta el imperativo de una participación más activa de las economías emergentes en la solución de la crisis, se llevó a cabo una reunión cumbre del G-20 para impulsar la coordinación de políticas a nivel internacional. Sin duda, todas estas acciones han representado pasos en la dirección correcta.

Sin embargo, la necesidad de acrecentar los esfuerzos es evidente. Las circunstancias actuales sugieren la conveniencia de fortalecer los mecanismos de cooperación financiera internacional.

En épocas de estabilidad financiera los beneficios individuales de adoptar medidas de ese corte se perciben como pequeños para cada país. En cambio, en periodos de turbulencia financiera, como el actual, se valoran mucho más las ganancias que se derivan de la cooperación.

Desafortunadamente, no se ha podido diseñar una arquitectura financiera internacional que promueva acciones más activas de cooperación en épocas normales y la cual pudiera facilitar acciones rápidas y efectivas en épocas de crisis financieras.

Los esquemas actualmente en operación bajo la dirección del Fondo Monetario Internacional, el Banco de Pagos Internacionales, del G-20 y del Foro para la Estabilidad Financiera, entre otros, son muy valiosos, pero han probado ser insuficientes en coyunturas difíciles. En consecuencia, se requiere fortalecer los mecanismos de cooperación entre autoridades financieras a nivel mundial. La participación de las economías emergentes en el diseño e implementación de ese marco global de cooperación será fundamental.

Conclusiones

Desde una perspectiva general, la crisis que ha aflorado en los mercados financieros internacionales refleja la necesidad de llevar a cabo un proceso de desapalancamiento a nivel global, que permita reducir el endeudamiento en la economía mundial a un nivel sostenible. La contrapartida de este proceso, además del episodio de turbulencia que estamos viviendo en la actualidad, será una disminución considerable de la tasa de expansión del gasto y, por tanto, del crecimiento económico global. Afortunadamente, México cuenta con fundamentos económicos sólidos para superar estos retos.

Lo anterior, aunado a las medidas que se han implementado para asegurar una operación adecuada del sistema financiero en un entorno particularmente difícil, permitirán hacer frente a la crisis financiera internacional de manera exitosa.

Una vez que se estabilicen las condiciones económicas mundiales, las autoridades mexicanas deberán concentrar sus esfuerzos en aumentar la tasa de crecimiento potencial de la economía y en mejorar los niveles de bienestar de la población.

Es preciso que veamos más allá de la presente coyuntura. Por ello, será necesario implementar medidas que permitan una asignación más eficiente de los recursos productivos. En particular, se debe asegurar que los incentivos que guían las decisiones de los agentes económicos estén orientados a elevar la competitividad y el crecimiento económico. El logro de esos fines requerirá, entre otros avances, de modificaciones al marco institucional que define los incentivos que enfrentan los agentes económicos para invertir, adoptar tecnologías de punta y utilizar prácticas laborales eficientes.

En cuanto al Banco de México, es claro que la principal contribución que puede hacer al crecimiento económico es mantener bien ancladas las expectativas de inflación y apegarse a su mandato constitucional de procurar la estabilidad de precios.

Las autoridades monetarias están conscientes de la gravedad de la coyuntura que se vive y de la intensificación de los riesgos a la baja para la actividad económica. Sin embargo, las presiones inflacionarias no han acabado de disiparse. Conforme a lo anticipado, el ritmo de crecimiento de los precios ha mantenido una trayectoria alcista durante el último trimestre de 2008. De todas formas, es previsible que se cumpla la trayectoria de la inflación visualizada por el Banco para 2009. El Banco de México seguirá vigilando la evolución del balance de riesgos con miras al cumplimiento de la meta de inflación de 3%, procurando al mismo tiempo contribuir a mitigar el impacto de la crisis financiera global sobre la economía mexicana.
[1] Nigel Lawson, ministro de Hacienda inglés de la época, introdujo este argumento en el debate público.
[ ]2 La privatización bancaria se llevó a cabo en un periodo corto y a precios relativamente altos. En retrospectiva, es evidente que debió haberse previsto un incremento sustancial de las reservas preventivas de los bancos.
[3] El crédito bancario al sector privado se redujo de un máximo de 42.8% del PIB en 1994 a 10.9% en 2005, aumentando a 15.5% en 2007. Por su parte, el cociente de M4 a PIB, después de alcanzar 50.9% en 1994, disminuyó a 43.9% en 2000 y aumentó a alrededor de 58.4% en 2007.
[4] El Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo, el Banco de Suecia y el Banco Nacional de Suiza.
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Guillermo Ortiz es el actual gobernador del Banco de México y fungió como secretario de Hacienda